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viernes, 7 de julio de 2017

Machu Picchu ¡Una ciudad inca entre las nubes!

Mi sueño era conocer Machu Picchu, tener una foto como todas esas que vemos cuando nuestros amigos visitan ese maravilloso lugar. Esas ganas de estar ahí me llevaron a mi siguiente destino: Sudamérica


Después del recorrido que ya les conté de 4 días para llegar, después de caminar como nunca antes lo había hecho, llegó el tan esperado día. 

Me levanté a las 3:30 a.m. Teníamos que empezar a caminar hacia la puerta del puente, el primer acceso a la zona arqueológica, para entrar a las 4 a.m. La noche anterior tuvimos que comprar algo para desayunar porque a esa hora nadie nos daría nada. Después de un plátano, yogurt y galletas, comenzamos la caminata hacia el puente en pequeños grupos. Hicimos como 30 minutos, quizás un poco menos, y tuvimos que esperar formados a que abrieran. Justo a las 5 a.m. abrieron y ahí nos esperaban las famosas escaleras de Machu Picchu.

No tengo idea de cuántos escalones sean, pero es MUY pesado subirlos. La verdad sirvió mucho el entrenamiento de los días anteriores. Tardé en subir exactamente una hora. Recuerdo que mi reloj marcaba las 6:07 a.m. y el guía nos esperaría a las 6:15 en la entrada. El guía fue muy enfático en el uso del baño antes de entrar a Machu Picchu ya que adentro no hay baños. Entonces hice la parada obligatoria que tiene costo de 1 sol, aproximadamente 5 pesos mexicanos (30 centavos de dólar). 

Los tours anteriores a éste que contratamos con la misma agencia, nunca comenzaban a la hora pactada. Esto para mí era muy desesperante porque son minutos de sueño que me robaban. Empezamos casi a las 7 la explicación con todo el grupo. Yo tenía cita para subir a Huaynapicchu, la montaña más famosa, a las 8. Si quieres subir a la montaña más alta que es ésta, tienes que reservar por internet con anticipación. Yo igual lo reservé con la misma agencia que hice el tour. 

Cuando comenzó la explicación, el dios de la lluvia se hizo presente y comenzó a llover muy fuerte. No se veía nada de lo que nos estaban explicando y pues mi mente pensaba en todo menos en seguir la historia de los incas que contaba el guía. Estaba estresada por no llegar a la cita que tenía porque aparte no se veía nada nada, había mucha neblina y cuando me decían que tenía que caminar “para allá” yo sólo veía nubes y pensaba que me iba a perder, muy desesperante en verdad. 


Escaleras hacia las nubes


Me despedí de todo el grupo y continué el recorrido sola ya que después de la explicación con los guías, teníamos tiempo libre en Machu Picchu y cada quién escogía su camino. Llegué a tiempo a la entrada de Huaynapicchu (que tiene diferentes formas de escritura pero es la que más me gusta). Vi la imagen de todo lo que iba a subir y pues me preparé psicológicamente para subir y subir y subir. Tardé una hora exacta en hacerlo. Una hora subiendo escalones es mucho más pesado de lo que se lee, ¡se siente como si fueran 3 horas! 


Ya estando hasta arriba de la montaña más alta, exhausta, lo menos que esperaba era una gran recompensa, un bello paisaje, ¡pero NO! Seguía nublado y esta es la foto que saqué estando hasta arriba. Bonito, ¿no? 

Estuve 15 minutos en una roca, descansando y rogando a los dioses incas que saliera el sol o que por lo menos se quitaran las nubes …sólo una foto, ¡sólo una! Había un policía hasta arriba que te invitaba a comenzar a descender para que no se atiborrara de gente, ya que no es muy amplio. Me comí unas papas fritas para motivarme al descenso. Tampoco podía esperar mucho ya que tenía que estar en Hidroeléctrica a las 2:30 p.m. Me tomó 40 minutos bajar. La bajada es menos pesada, pero por alguna razón me empezaron a doler las rodillas; mi cuerpo no estaba acostumbrado a tanta caminata.


Cuando bajé, seguía nublado, menos, pero la visibilidad era limitada. Lo que pude ver de Machu Picchu fue de camino a la salida porque faltaba la hora de bajada y las 3 horas de camino de regreso que hicimos el día anterior. El tiempo me estresaba bastante así que tomé fotos y ésta es la que tengo de mi visita, con el impermeable que fue la mejor inversión que pude haber hecho en Perú, una toalla empapada y mis zapatos de caminata en la espalda porque me lastimaban, o sea ¡todo mal! pero la cara de felicidad ahí estaba. Donde están las nubes imagínense las montañas, ¿va? 

Saliendo de Machu Picchu, lo que se debe hacer es poner un sello en el pasaporte y ¡se me olvidó! Fui otra vez al baño porque me esperaba una larga caminata aún y empecé a bajar. Como ya me dolían las rodillas me tardé igual una hora en bajar. Insisto en que la bajada requiere menos esfuerzo físico pero igual es cansado y cuando ya duele o molesta algo es bastante pesado. Cuando terminé de bajar los escalones me detuve unos segundos y las piernas me comenzaron a temblar horriblemente ¡no me podía detener! todavía faltaban 3 horas y el tiempo estaba justo. Y así, sin detenerme por miedo a que si me sentaba ya no me iba a poder levantar, caminé hasta Hidroeléctrica. 

Llegué a las 2 de la tarde, pasé por el mochilón que había dejado en el restaurante y me senté a comer algo. Contando las horas que caminé ese día… 10 horas seguidas con 15 minutos de descanso; me sentía rara. Me sentía feliz pero un poco frustrada por no haber logrado ver Machu Picchu como esperaba verlo. Creo que si hubiera llegado en tren y subido en camión y me hubiera encontrado con el día más nublado que he visto me hubiera llevado una gran decepción. Pero logré disfrutar todo el camino, todas las aventuras que me llevaron hasta ahí no las cambio por nada. Entonces quizá Machu Picchu no fue lo que yo esperaba, pero todo lo que me llevó ahí me gustó tanto que me siento feliz y orgullosa de haberlo logrado. 

Mi recomendación es que si van se queden un día más en Machu Picchu pueblo para que no tengan la presión del tiempo por regresar tan rápido, puedan disfrutar más tiempo ahí y puedan esperar a que salga el solecito. Llegué a Cusco como a las 10 p.m. y preparé la maleta para la última caminata que me tenía Perú, la montaña de los 7 colores. 

¡Hasta pronto, mis queridos viajeros! 




Por Mayela Román
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jueves, 18 de mayo de 2017

De Cusco a Machu Picchu: aventura extrema



No sé para cuántos de ustedes Machu Picchu se encuentre en el top 10 de su lista “cosas que debo hacer antes de morir”, la famosísima “Bucket List”. Bueno, pues para mí lo era y fue así como decidí que mi siguiente destino tenía que ser hacia Sudamérica.

Nunca he sido de esas personas que planean sus viajes metódicamente, día por día, ni mucho menos hora por hora como algunos obsesivos. Soy más de esas personas que deciden las actividades hasta el momento en que conocen el lugar. No siempre con un buen resultado he de confesar, como lo verán en esta historia que les quiero compartir.

Volé de Lima a Cusco, los vuelos son muy baratos y son muy frecuentes. ¡Cusco es una ciudad bellísima! - que por cierto, se traen un relajo con la manera correcta de escribir Cuzco o Cusco pero bueno, es lo mismo y las dos son correctas. Yo prefiero Cusco, no sé, se ve más bonito escrito así. Decidí quedarme en una casa de Airbnb por todas las reseñas positivas que tenían en la aplicación. Aunque de haber planeado el viaje con anticipación y saber que pasaría 3 noches fuera, quizá me habría ahorrado algunos soles.


Ésta fue mi primera impresión de Cusco. Llegué por la noche, así que cuando desperté y vi esto, supe inmediatamente que había escogido el hospedaje correcto. 



Lo primero que hice al día siguiente fue ir directo a una agencia turística, que la familia del lugar donde me hospedé me recomendó. Fue entonces cuando me di cuenta que, si hubiera planeado con anticipación, habría logrado ver más cosas o por lo menos disfrutar más de todo lo que hice, que en verdad fue bastante. Aunque deben saber desde ahorita que esta historia no tiene del todo un final feliz.

Existen miles de formas para llegar a Machu Picchu, algunas más costosas y por supuesto más cómodas que otras. Yo escogí un tour en la agencia, llamado Inka Jungle, y todo lo que les voy a describir de la experiencia, créanme, se queda corto con lo que fue vivirla.

Nos recogieron a las 7am en la plaza principal. En Perú, todas las plazas principales se llaman Plaza de Armas. Yo, muy emocionada, llevaba un mochilón para los 4 días que duraría el viaje; primer error. Comenzó la aventura a algunos kilometros de Cusco donde, muy equipados, recorrimos 50km en bicicleta en una carretera que sólo tenía dos carriles, uno de ida y uno de vuelta. La carretera era de bajada así que mucho esfuerzo físico en realidad no era necesario. Sin embargo, la adrenalina de la velocidad y de los coches pasando MUY cerca de ti, le ponía todo el sabor de deporte extremo.


agua cruzando la carretera
Otra dificultad que se presentó fue que había que pasar por unas curvas donde corría agua, como si un arroyo cruzara la carretera. Pasamos por más de 10 de esas curvas con agua; la verdad nunca había visto que en una carretera corriera agua, me fascinó, aunque algunos de los que iban el tour se derraparon en esas curvas y se cayeron. ¡Muy peligroso por aquello de los coches pasando! No ocurrió ningún accidente grave, sólo algunos sustos y una chica con el hombro lastimado que en un par de días ya estaba lista para seguir con la aventura. Todo valió la pena por las hermosas vistas que ofrecía el trayecto. Esa imagen mía, recorriendo Perú en bicicleta, créanme que será de esos recuerdos que ves cuando segundos antes de morir, ves pasar la vida ante tus ojos.

En esos 50 km pasamos por todos los climas posibles, calor, frío (de ese que te congela la cara) y lluvia. Al finalizar la aventura del ciclismo, todos estábamos completamente empapados. De algo sirvió mi maletón porque me pude cambiar en la camioneta antes de seguir el viaje.

Llegamos al primer pueblo donde pasaríamos la primera noche, Santa María. He de confesar que de los 3 hostales en los que estuvimos, éste fue pésimo. Había muchos bichos y me despertaba a mitad de la noche a echarme repelente porque sentía que caminaban por mis piernas, en verdad fue una noche terrible. Los otros dos hostales estuvieron bastante decentes. Después de comer y cambiarnos, nos dispusimos a realizar la segunda actividad: Rafting.


Mapa del recorrido


Sin duda, el equipo que se forme para el rafting determinará el grado de diversión que tendrás. En mi caso, me tocó el MEJOR equipo. Una mezcla de nacionalidades siempre será el secreto para pasar un tiempo inolvidable. Entre chilenos, una francesa y yo, representando a México orgullosamente como siempre, el rafting se tornó la actividad más divertida de todo el viaje.

El segundo día prometía ser el más pesado ¡Ocho horas de caminata! Cuando te dan informes no son tan específicos en decirte que el esfuerzo físico es magistral. Yo sentí desfallecer (no soy tan dramática, es real) un par de veces. No sólo es caminar 8 horas, es caminar bajo el sol, subir y bajar por las montañas en unos caminos muy estrechos. ah, ¿y el mochilón? lo mandé por taxi al hostal de Santa Teresa.


¡¿Falta poco?!
Existe el tour de 4 días y otro de 3; en el segundo no haces la caminata de 8 horas y te mandan directo a Santa Teresa la primera noche. Si te gusta caminar (a mí no me gusta, pero fue una experiencia hermosa, exhaustiva pero hermosa) y apreciar la naturaleza, definitivamente no te puedes perder la caminata. Se dice que todo en esta vida tiene su recompensa, y sí, en este caso no fue distinto. Después de esa larga caminata llegamos a unos baños termales en medio de las montañas, que en verdad está de no creerse. Logramos ver el lugar aún con luz y cuando comenzó a oscurecer se sentía mucha paz. Pasamos ahí un poco más de una hora y venía la pregunta del millón; ¿Caminas el kilómetro que falta o te vas en taxi? TODOS nos fuimos en taxi.

Santa Teresa nos esperaba con una cena magnífica (todas las comidas del viaje estuvieron deliciosas) y una fiesta con pisco que ninguno de nosotros esperaba; segundo error. El pisco peruano, un aguardiente de uvas, es es muy rico cuando se toma mezclado. El famoso pisco sour es una de mis bebidas favoritas. Peeeroo aquí una recomendación: NO tomen shots de pisco… repito… NO TOMEN SHOTS (¡Nótese el plural!) de pisco. Su yo del futuro se los agradecerá. En este caso, yo tenía reservada una actividad de circuitos de tirolesa (zipline) y otra caminata de 3 horas al día siguiente.

Para aquellos que tienen duda qué lleva el Pisco Sour. Es una bebida tipo Margarita con hielo, limón, huevo (suena raro, pero no sabe, es sólo para darle consistencia), jarabe de goma y amargo de angostura, éste último la verdad creo que sólo se consigue en Perú, aunque no es necesario para que las recetas caseras queden increíbles. Hay algunas variantes de sabor, pero el original es de limón.



Bueno, continuando con la historia, los circuitos de la tirolesa estuvieron fantásticos. Hay uno donde tienes la opción de aventarte como Spiderman, boca abajo. Supongo que si no estás crudo (resaca) se ha de sentir mucho mejor. Y llegó la que según yo era la ÚLTIMA caminata para llegar a Machu Picchu ¡Oh no, qué equivocada estaba! 3 horas caminando de Hidroeléctrica (donde volví a dejar mi mochilón en el restaurante que comimos) a Machu Picchu pueblo.

Por la noche volvió a surgir una pregunta que cambiaría mi vida (aquí sí hay drama…). Al día siguiente para ir a Machu Picchu, ¿tomas el tren y pagas, o caminas y es gratis? Mochilera y ya con el entrenamiento arduo de los días pasados, decidí caminar.

Ese día lo recordaré como el día que caminé 10 horas seguidas con únicamente 15 minutos de descanso y no logré ver Machu Picchu. Les dije que era una historia triste…

Pero les cuento esa historia la próxima vez, porque aún hay mucho qué contar, y claro, también para mantener el suspenso…

¡Hasta la próxima, mis queridos viajeros!





 


Por Mayela Román
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