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viernes, 14 de julio de 2017

Una ventana a la riqueza natural y cultural de México.



Chiapas es parte de la riqueza natural y cultural de México. Muchas veces concebimos un país como un todo, cuando en realidad está conformado por varias partes. Esta aseveración se puede observar fácilmente al viajar por México. La geografía de Chiapas está compuesta por montañas, valles y llanuras. Por lo tanto, Chiapas es hogar de miles de especies animales y vegetales.


Uno de los íconos de Chiapas y la primera parada obligatoria es el Cañón del Sumidero. Lo primero que debes de hacer es dirigirte a Chiapa de Corso, desde donde parten las lanchas que te llevarán a conocer uno de los espectáculos naturales que ofrece esta región. Antes de iniciar mi aventura, decidí desayunar en uno de los restaurantes que hay ahí cerca. La comida es exquisita y hay una gran variedad de frutas.

Por cierto, les recomiendo enormemente llevar una gorra o sombrero para cubrirse del sol. El paseo dura aproximadamente una hora y las lanchas no cuentan con parasol. Claro que durante el camino ni cuenta te darás de si te estás quemando o no porque quedarás maravillado con los paisajes. Si tienes suerte podrás ver a los cocodrilos tomando el sol, monos jugando en los árboles y varias aves en el borde del desfiladero.

Curiosamente llega un punto, antes de volver, en el que te encuentras con otros botes que fueron adecuados para poder vender botanas y bebidas. En México para bien o para mal, siempre habrá quien te venda comida, así sea a la mitad de un cañón. Durante el recorrido también verás cuevas y pinturas rupestres. ¡Todo un espectáculo!




Ya hablamos de la naturaleza, ahora hablemos de la riqueza cultural. Mi segunda parada fue San Cristóbal de las Casas.  Esta ciudad se encuentra a una altitud de más dos mil metros sobre el nivel del mar por lo que tan sólo el recorrido para llegar ofrece una vista impresionante. Tomé una camioneta tipo van, en la que caben alrededor de 8 personas. La carretera te muestra todo el valle, y si el clima lo permite, el rango de visión es muy amplio. ¡Te sentirás entre las nubes! Y si le tienes miedo a las alturas, también llegará un punto en el que te preguntarás si llegarás con vida hasta allá arriba; en parte porque en general en Chiapas se maneja muy rápido.

San Cristobal de las Casas es una ciudad donde conviven armoniosamente el México indígena y el México moderno. Sus calles de la época de la conquista, los edificios de estilo colonial, la población indígena, los turistas de todas partes del mundo y los paisajes naturales se combinan para formar una atmósfera única. Lo primero que llama la atención, es escuchar a la población local, vestida con trajes típicos, hablando la lengua tzotzil. Se escucha en cualquier esquina, en los mercados, vaya, tan utilizada es que hay quien va hablando por celular en tzotzil.




Si eres mexicano o proveniente de otro país donde también hay un gran número de lenguas nativas, quizá no te sea algo raro. Al final de cuentas estamos conscientes de que estos idiomas existen. Pero Chiapas es diferente, en Chiapas la gente es libre de hablar lo que ellos quieran. No es una lengua estigmatizada. Nadie habla en voz baja, nadie se oculta al hablar. El español se utiliza como lengua franca pero definitivamente no es parte de la localidad. Vaya que hasta las bocinas que anuncian algún producto, reproducen el audio en tzotzil.

¡Los paisjes naturales que ofrece Chiapas son maravillosos!
Ahora que, si lo tuyo es la aventura y quieres ver todavía con más profundidad la sociedad indígena de México, tienes que visitar San Juan Chamula. Lo que más turismo atrae a este pueblo es el templo. Se trata de una construcción de estilo colonial, similar a muchísimos templos católicos de cualquier región de México, pero su interior es completamente diferente. Para entrar necesitas pedir permiso en la alcaldía, pagar tu cuota y eso sí, POR NADA DEL MUNDO sacar tu cámara fotográfica. Este pueblo a pesar de ser parte de México, está regido por sus usos y costumbres así que, si algo llegara a pasar, la policía no podrá hacer mucho por ti.

Una vez dentro, notarás que el piso está completamente cubierto con hierbas, no hay luces artificiales y toda la iluminación está a cargo de cientos de veladoras que la gente va prendiendo a su santo. ¿Cuántos santos hay y exactamente por qué se les reza? Les voy a deber esa respuesta. Cada tres pasos encontrarás un altar con un santo diferente. Es algo espeluznante al principio, a decir verdad. En primera desde que llegas al pueblo te sabes foráneo y todas tus acciones son seguidas por los ojos de los lugareños. Tú eres la minoría en este pueblo, no hablas la lengua, tu vestimenta es diferente, tu fisionomía, todo en ti. Dentro de la iglesia había una señora arrodillada a la mitad del edificio, tenía cataratas en los ojos, sus cabellos eran grises y además gritaba (o rezaba), algo incomprensible para mis oídos y en un tono de expiación profunda mientras movía algunas hierbas y prendía incienso.

Vale mucho la pena, a pesar de ser algo totalmente nuevo y diferente, te dejará con un gran sabor de boca. De vuelta a Chiapas en general, la gastronomía es deliciosa. No olvides visitar el zoológico (no es el clásico zoológico lleno de jaulas) y también aventurarte hacia la frontera con Guatemala. Ahí hay unos lagos y cataratas que te dejarán con la boca abierta, de las cuales ya hablaremos en otra ocasión.



Por Dante Rojas
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viernes, 7 de julio de 2017

Machu Picchu ¡Una ciudad inca entre las nubes!

Mi sueño era conocer Machu Picchu, tener una foto como todas esas que vemos cuando nuestros amigos visitan ese maravilloso lugar. Esas ganas de estar ahí me llevaron a mi siguiente destino: Sudamérica


Después del recorrido que ya les conté de 4 días para llegar, después de caminar como nunca antes lo había hecho, llegó el tan esperado día. 

Me levanté a las 3:30 a.m. Teníamos que empezar a caminar hacia la puerta del puente, el primer acceso a la zona arqueológica, para entrar a las 4 a.m. La noche anterior tuvimos que comprar algo para desayunar porque a esa hora nadie nos daría nada. Después de un plátano, yogurt y galletas, comenzamos la caminata hacia el puente en pequeños grupos. Hicimos como 30 minutos, quizás un poco menos, y tuvimos que esperar formados a que abrieran. Justo a las 5 a.m. abrieron y ahí nos esperaban las famosas escaleras de Machu Picchu.

No tengo idea de cuántos escalones sean, pero es MUY pesado subirlos. La verdad sirvió mucho el entrenamiento de los días anteriores. Tardé en subir exactamente una hora. Recuerdo que mi reloj marcaba las 6:07 a.m. y el guía nos esperaría a las 6:15 en la entrada. El guía fue muy enfático en el uso del baño antes de entrar a Machu Picchu ya que adentro no hay baños. Entonces hice la parada obligatoria que tiene costo de 1 sol, aproximadamente 5 pesos mexicanos (30 centavos de dólar). 

Los tours anteriores a éste que contratamos con la misma agencia, nunca comenzaban a la hora pactada. Esto para mí era muy desesperante porque son minutos de sueño que me robaban. Empezamos casi a las 7 la explicación con todo el grupo. Yo tenía cita para subir a Huaynapicchu, la montaña más famosa, a las 8. Si quieres subir a la montaña más alta que es ésta, tienes que reservar por internet con anticipación. Yo igual lo reservé con la misma agencia que hice el tour. 

Cuando comenzó la explicación, el dios de la lluvia se hizo presente y comenzó a llover muy fuerte. No se veía nada de lo que nos estaban explicando y pues mi mente pensaba en todo menos en seguir la historia de los incas que contaba el guía. Estaba estresada por no llegar a la cita que tenía porque aparte no se veía nada nada, había mucha neblina y cuando me decían que tenía que caminar “para allá” yo sólo veía nubes y pensaba que me iba a perder, muy desesperante en verdad. 


Escaleras hacia las nubes


Me despedí de todo el grupo y continué el recorrido sola ya que después de la explicación con los guías, teníamos tiempo libre en Machu Picchu y cada quién escogía su camino. Llegué a tiempo a la entrada de Huaynapicchu (que tiene diferentes formas de escritura pero es la que más me gusta). Vi la imagen de todo lo que iba a subir y pues me preparé psicológicamente para subir y subir y subir. Tardé una hora exacta en hacerlo. Una hora subiendo escalones es mucho más pesado de lo que se lee, ¡se siente como si fueran 3 horas! 


Ya estando hasta arriba de la montaña más alta, exhausta, lo menos que esperaba era una gran recompensa, un bello paisaje, ¡pero NO! Seguía nublado y esta es la foto que saqué estando hasta arriba. Bonito, ¿no? 

Estuve 15 minutos en una roca, descansando y rogando a los dioses incas que saliera el sol o que por lo menos se quitaran las nubes …sólo una foto, ¡sólo una! Había un policía hasta arriba que te invitaba a comenzar a descender para que no se atiborrara de gente, ya que no es muy amplio. Me comí unas papas fritas para motivarme al descenso. Tampoco podía esperar mucho ya que tenía que estar en Hidroeléctrica a las 2:30 p.m. Me tomó 40 minutos bajar. La bajada es menos pesada, pero por alguna razón me empezaron a doler las rodillas; mi cuerpo no estaba acostumbrado a tanta caminata.


Cuando bajé, seguía nublado, menos, pero la visibilidad era limitada. Lo que pude ver de Machu Picchu fue de camino a la salida porque faltaba la hora de bajada y las 3 horas de camino de regreso que hicimos el día anterior. El tiempo me estresaba bastante así que tomé fotos y ésta es la que tengo de mi visita, con el impermeable que fue la mejor inversión que pude haber hecho en Perú, una toalla empapada y mis zapatos de caminata en la espalda porque me lastimaban, o sea ¡todo mal! pero la cara de felicidad ahí estaba. Donde están las nubes imagínense las montañas, ¿va? 

Saliendo de Machu Picchu, lo que se debe hacer es poner un sello en el pasaporte y ¡se me olvidó! Fui otra vez al baño porque me esperaba una larga caminata aún y empecé a bajar. Como ya me dolían las rodillas me tardé igual una hora en bajar. Insisto en que la bajada requiere menos esfuerzo físico pero igual es cansado y cuando ya duele o molesta algo es bastante pesado. Cuando terminé de bajar los escalones me detuve unos segundos y las piernas me comenzaron a temblar horriblemente ¡no me podía detener! todavía faltaban 3 horas y el tiempo estaba justo. Y así, sin detenerme por miedo a que si me sentaba ya no me iba a poder levantar, caminé hasta Hidroeléctrica. 

Llegué a las 2 de la tarde, pasé por el mochilón que había dejado en el restaurante y me senté a comer algo. Contando las horas que caminé ese día… 10 horas seguidas con 15 minutos de descanso; me sentía rara. Me sentía feliz pero un poco frustrada por no haber logrado ver Machu Picchu como esperaba verlo. Creo que si hubiera llegado en tren y subido en camión y me hubiera encontrado con el día más nublado que he visto me hubiera llevado una gran decepción. Pero logré disfrutar todo el camino, todas las aventuras que me llevaron hasta ahí no las cambio por nada. Entonces quizá Machu Picchu no fue lo que yo esperaba, pero todo lo que me llevó ahí me gustó tanto que me siento feliz y orgullosa de haberlo logrado. 

Mi recomendación es que si van se queden un día más en Machu Picchu pueblo para que no tengan la presión del tiempo por regresar tan rápido, puedan disfrutar más tiempo ahí y puedan esperar a que salga el solecito. Llegué a Cusco como a las 10 p.m. y preparé la maleta para la última caminata que me tenía Perú, la montaña de los 7 colores. 

¡Hasta pronto, mis queridos viajeros! 




Por Mayela Román
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jueves, 11 de mayo de 2017

Phillip Island Australia: Entre pingüinos, turistas maleducados, avaricia y belleza natural

A un par de horas de Melbourne Australia, hacia la Península de Mornington, encontramos, unida por un moderno puente a la tierra, una isla que se ha vuelto famosa por todo lo que tiene para ofrecer.


Relájate observando las olas en The Nobbies

Phillip Island.

Phillip Island es el hogar de fin de semana de los Melbournianos adinerados, es hogar también de los guapos hermanos Hemsworth, del Grand Prix de motocicletas y sobretodo de una peculiar fauna que abunda en el lugar. Aquí encontraremos entre otras cosas:  un centro de conservación de koalas y un desfile de pingüinos. Sí, leíste bien. ¡Un desfile de pingüinos! El más famoso del hemisferio sur. Este post tiene puntos de vista encontrados, de antemano les ofrezco disculpas si en algún momento les parezco racista, no es mi intención atacar a nadie en particular, pero desafortunadamente tengo que contarlo tal y como es. En Viajes y Postales te contamos todo para que formes tu propia opinión.



Puente que conecta a Phillip Island con Australia

Cómo llegar:

Desde Melbourne lo más recomendable es llegar en auto siguiendo la autopista M1 con dirección a Warragul y seguir los señalamientos hacia Phillip Island, que créanme, hay bastantes ¡no te vas a perder! En transporte público se puede llegar partiendo desde la estación Southern Cross hacia Koo We Rup, donde abordaremos un autobús regional para seguir con nuestra travesía hacia Cowes, el suburbio más céntrico de la isla. Si te sientes con ánimos de aventurarte, puedes tomar el tren suburbano desde la estación Southern Cross hasta Frankston y de ahí tomar otro tren regional hacia Stony Point. De Stony Point sale un ferry directo hacia Cowes. Ahora que, si la plata no es ningún problema para ti, puedes llegar en helicóptero. Hay compañías que organizan vuelos saliendo del aeropuerto de Essendon en Melbourne.

Alojamiento:

Existe una gran variedad en alojamiento, desde parques para acampar, hasta hoteles spa lujosos pasando por Airbnb y Bed and Breakfast en cottages históricos perfectamente bien ubicados y decorados.

La primera vez que visité Phillip Island fue hace 8 años. Llegamos a un Bed and Breakfast (posadas generalmente en casas privadas que brindan alojamiento y desayuno). Fuimos a los parques a admirar la fauna, a la playa y en general la pasamos muy tranquilos. Esta vez, regresamos con dos niñas, nos alojamos en un hotel llamado Phillip Island Apartments que recomiendo ampliamente. Por favor, no se pierdan el restaurante italiano Pino's. Cuando entras a un restaurante italiano atendido por italianos, con italianos comiendo en el lugar sólo significa una cosa: ¡la comida es buenísima!


Parques naturales y el desfile de pingüinos:

Como ya les había mencionado, la primera vez que vine, fue hace 8 años. Los sitios cambian con el tiempo y Phillip Island no es la excepción. Los parques de conservación y de observación están tomando un giro que sinceramente no me gusta. Voy a comenzar con el parque de conservación de los koalas.

La primera vez que vine, los koalas se encontraban en plena libertad. Subían y bajaban de sus árboles a placer, andaban por los barandales, se dejaban fotografiar por los turistas y existía una convivencia pacífica y respetuosa. Lamentablemente esto cambió pues ahora los koalas tienen barricadas que les impide acercarse a los turistas o viceversa. Y sólo de ver a una familia con la que desafortunadamente me tocó compartir tiempo y espacio no es difícil saber el por qué.

Qué no hacer en el centro de conservación

El centro de conservación de los koalas es hogar de varios ejemplares de la fauna australiana, no se limita únicamente a los koalas, también verás wallabies, son canguritos en miniatura,  canguros estándar, echidnas (animalitos  muy similares a los puercoespines) y Kookaburras (los pájaros violentos que roban salchichas, ¿recuerdan cuando acampamos en Wilson´s Prom? ). A pesar de que ahora los koalas están aislados se pueden observar perfectamente. Duermen casi todo el día por lo que verlos moviéndose es todo un espectáculo.  Hay que seguir algunas reglas como no gritarles, no mover los árboles y no tocarlos porque te pueden dar una rasguñada o un mordisco que te vas a arrepentir de jugarle a Don Picudo y  de habérteles acercado.  El lugar es muy bonito, a lo lejos se ven aves, canguros, un lago, y hay mesas para picnic, bancas para sentarte, una cafetería y un centro de información.





Protecciones para que los koalas ya no bajen


Foto tomada en 2009,  antes de las barricadas :(


El desfile de pingüinos

Los pingüinos del hada o pingüinos azules son los más pequeños que existen. Habitan en Nueva Zelanda y el sur de Australia. En Phillip Island está el santuario más famoso. Los pingüinos vuelven a casa después de algunos días en altamar cazando. Salen en grupos del océano, titubean un poco cuando ven a las gaviotas acercarse a ellos, vuelven a las aguas, juegan en la espuma y se retiran a sus madrigueras donde sus crías los esperan. 


Los pingüinos azules o pingüinos del hada

Les recomiendo comprar sus boletos por adelantado en internet, pueden escoger dos, tres, cuatro atracciones, les dicen el bundle y así conseguir buen precio.  En el bundle que compramos venía incluído el acceso al desfile de pingüinos y el santuario de los koalas. Hay que llegar al anochecer, eso depende de la estación obviamente, en verano más tarde que en invierno. Encontraremos dos tipos de entrada, la general y Penguins plus. Con la general es más que suficiente pues de todas maneras está estrictamente prohibido tomar fotos te sientes donde te sientes. Llegamos al área de la playa, caminamos un poco y vimos las gradas. Te recomiendo que entres inmediatamente, cenes antes o después porque se atasca.
Gradas para ver a los pingüinos

Lo feo: 

No quiero ni es mi intención alimentar algún prejuicio hacia los turistas asiáticos, en particular los chinos, pero fue muy difícil ver su interacción con los animales, su falta de respeto por el medio ambiente y su falta de empatía para con los seres vivos, incluyendo otros turistas. Es decepcionante decir que de un montón de turistas de todas las nacionalidades que se les ocurran, los únicos que causaban problemas al no acatar las reglas eran los antes mencionados a pesar de que las repiten en mandarín y cantonés para que no salgan con que "no entendí".

La primera vez que vine, había muy poca gente comparada con esta vez. Al llegar vi con un poco de tristeza autobuses y minibuses llenos de turistas que incivilizadamente se colaban en las filas, ya fueran filas para comprar un café o para entrar. 

Llegamos a las gradas, nos sentamos y esperamos. Comienza a obscurecer, se hacen honores a los aborígenes, dueños de la tierra australiana y dicen las reglas en inglés y en chino (no te preguntes el por qué). En cualquier momento, los pingüinos saldrán del mar. 

Tamaño real de los pingüinos

Se pide que por favor guardemos silencio y no se tomen fotos porque esto puede asustar a los pingüinos y alterar su rutina. Bueno, pues parece que les dicen ¡ovacionen de pie a los pingüinos cuando los vean! Es fácil darte cuenta cuando sale el primer grupo, a pesar de la obscuridad y de su tamaño pequeño, sientes como si China acabara de anotar gol en el Maracaná.  Los turistas se paran, gritan, flashazos por aquí y por allá. Los pobres jóvenes que trabajan para salvaguardar el orden corren de un lado a otro sentando gente, pidiéndoles que guarden sus cámaras y que se callen. Es muy difícil apreciar el espectáculo que la naturaleza nos está dando cuando tienes unas nalgas enfrente de ti (y para rematarla, planas) que no acatan las reglas y se ponen de pie cada 3 minutos. Comprendo que están emocionados, pero ¡caramba! Todos tenemos derecho a disfrutar. Lo peor es que como el fulano de adelante se para, el que sigue se para también y como sutano tomó una foto, yo también. No lo hagan ¡Respeten las reglas que por algo están!

Después de ver tres o cuatro grupos de pingüinos emerger del agua, decidimos irnos porque ya estaba que en cualquier momento me paraba a cachetear a alguien, ya saben que los latinos somos de sangre caliente, estaba de muy mal humor. Al salir también se pueden apreciar los pingüinos más de cerca porque sus madrigueras están atrás de las gradas. Los baños no están lejos de las gradas, lo menciono porque a una mamá de ese preciado grupo de turistas se le hizo fácil poner a su hijo a orinar ahí, en un arbustito. Eso, más la basura que dejan, aparte de que salen gritando y tomando fotos obviamente que hasta los pobres tipos encargados de la seguridad amenazan a los turistas con que los pingüinos muerden bien fuerte para que los dejen en paz; fueron motivos suficientes para arruinarme la visita. No disfruté del desfile de pingüinos esta vez. Quizá porque la primera vez que fui, había más pingüinos y menos gente… no lo sé…

Tienda de souvenirs

No quiero que se malinterprete mi entrada. Phillip Island es un lugar hermoso, ideal para observar fauna en su hábitat natural, es tranquilo, precioso pero el desfile de pingüinos es un claro ejemplo de cómo el turismo descontrolado puede arruinar un sitio. No está mal que los niños y adultos entren a ver a los pingüinos, está mal que las instrucciones no se sigan ya no al pie de la letra, que se ignoren en su totalidad. Que la avaricia de meter más y más gente resulte en una marabunta incontrolable y que las personas que acudimos con la genuina intención de estar en contacto con la naturaleza, no disfrutemos porque los demás compiten por tener las mejores selfies a costa de los demás y de los animales. Ojalá pronto encuentren un equilibrio. Mientras eso ocurre, seguiré yendo a Phillip Island a disfrutar porque es un volado, bien puede cambiar para bien, como empeorar. 

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Por Fabiola Hoffmann


miércoles, 1 de marzo de 2017

Acampar... ¿yo?

Hace 10 años acampé por primera vez. La idea no me agradaba del todo. No hay baño, regadera, cama cómoda, calefacción o aire acondicionado; la comida enlatada, sopas instantáneas, ¡guau! ¡Suena a unas vacaciones soñadas! Pues no... Al menos eso era lo que yo me imaginaba y que está muy distante a ser lo que en verdad es. Los australianos se las han ingeniado para hacer del campismo una actividad placentera. Los campamentos tienes regaderas, baños, lavandería, mini super y un montón de cosas que simplemente te perderías en un hotel como ver las estrellas en la noche mientras escuchas a las olas golpear la playa, a la fauna nocturna hacer de las suyas, y sobre todo no tienes que pagar un “upgrade” por tener vista al mar y lo olvidaba... ¡tampoco hay hora de check out!  La libertad que se vive al acampar es única, ese contacto con la naturaleza, esos paisajes infinitos están ahí para recordarnos que no somos más que un grano de arena en una playa inmensa, que hay tantos seres vivos que comparten el mismo espacio con nosotros, que no somos nada, aunque suene a cliché. 

Nuestra tienda de acampar

Después de pasar por un trago amargo en mi trabajo el viernes pasado, decidimos tomar unas vacaciones improvisadas. Nos fuimos a acampar a Wilsons Promontory National Park, ubicado a 3 horas y media de Melbourne. El clima estaba inmejorable, ya estamos despidiendo al verano en estas latitudes así que esta situación cayó como una bendición para aprovechar los últimos rayos de sol de la temporada, y ¡vaya que los aprovechamos! Regresamos un poco quemados, más que quemados diría que regresamos besados por el sol austral. 

Llegamos al “Prom” como le dicen los australianos y para mi sorpresa estaba llenísimo. Hace 10 años que no pisaba el parque. Me quedé con la impresión de un parque semi vacío como el que experimenté hace una década. Dimos varias vueltas hasta que encontramos un espacio. Es importante reservar con anticipación, no queremos que te quedes acampando en pleno bosque. Montamos nuestra casa de campaña como en 20 minutos, nos pusimos nuestros trajes de baño y nos dirigimos a la playa; Hudson's Bay es la playa más cercana a Tidal River, que es el lugar donde se encuentra ubicado el campamento. Para llegar simplemente tomamos un caminito junto a un arroyo hermoso de fondo café, aunque podría asegurar que es un agua casi potable por lo cristalina. La arena tiene una tonalidad obscura pero es muy suave, parece que estas caminando sobre talco. El agua es más caliente que en las otras playas del parque y las olas no son tan altas. Si tienes niños pequeños éste es el mejor lugar para que jueguen pues pueden bañarse en el arroyito que desemboca en el mar. Es todo un espectáculo natural. Después de pasar varias horas jugando, nos dio hambre y nos fuimos a comer. 

Hudson´s Bay
Tidal River
Hay quien lleva el camping aquí a otro nivel; se le conoce como el “glampling” glamorous camping (campamento glamuroso). Tienen celdas solares para sus refrigeradores, estufas de gas, camionetas camper que pasan los 30 mil dólares; para muchos el camping es una cultura. Pero si tienes un presupuesto limitado para esta actividad, no te preocupes, la vieja hielera funciona de maravilla y en los parques hay parrillas que se pueden usar sin costo extra, así que ahí cocinamos casi todos nuestros alimentos. Al llegar, me topé con un olor muy conocido, ¡los chicos que estaban usando la parrilla antes que nosotros eran mexicanos! Y estaban cocinando un alambre (carne de res ensartada en palillos, acompañada de chile, cebolla, etc.) que olía a pura gloria. Es raro encontrarse paisanos por aquí y aún más raro paisanos acampando. Nos saludamos con gusto. 

Glamping
Wilsons Prom tiene varias playas y muchas rutas para caminar. Es recomendable tomarse varios días para explorarlo ya que algunas de las rutas son de hasta 15 kilómetros. Nosotros decidimos tomar una de 2.5 kilómetros a Squeaky Beach. En el camino, dos kookaburras, pájaros nativos, nos dieron un concierto que no pudimos ni grabar por tener nuestros teléfonos cargando en el centro de visitantes (una ligera inconveniencia, la falta de electricidad). Decidimos esperar mejor a que los celulares se cargaran y regresar más tarde con nuestros celulares para no perdernos momentos así, que aunque lo disfrutamos muchísimo, lo podríamos haber grabado. Las kookaburras tienen un graznido muy característico, es como una risa. Tuve un encuentro más con una kookaburra pero no tan agradabale. Fue en las parrillas, ensarté una salchicha en un tenedor y la sostuve cerca de mí, esperando a que se enfriara. De pronto, el animal voló sobre mí y me la arrebató. No ví ni sentí nada mas que el alazo en la cara y el golpe en la mano. ¡Fue en cuestión de segundos! Ni siquiera vi a la kookaburra mientras esperaba sigiliosamente en un árbol el momento oportuno de atacar. Le alcancé a tomar una foto mientras esperaba otro descuido de nuestra parte.

La kookaburra ratera



Regresando a nuestra ruta, después de recoger nuestros teléfonos llegamos a Squeaky Beach. Se llama Squeaky Beach porque al caminar sobre la arena, ésta rechina. Squeaky Beach es una playa de arena blanca formada por cuarzo. La playa es bellísima y está casi desierta, las únicas desventajas de esta playa son que las olas son altísimas, ideales para surfistas que dan un show gratuito y que el agua está helada. Algo que se me quedó muy grabado de la primera vez que fui hace 10 años, fue que al meter la pata al agua, sentí como se me acalambró. ¡Me pasó igual esta vez! Hermosa playa para la foto, para escuchar cómo rechina, para surfear, pero para nadar...no sé, si te gustan los baños con hielos ¡adelante! Además dicen que rejuvenecen la piel. Será el sereno pero no, gracias.






En éste video se puede escuchar claramente como rechina la arena.

 


En la noche, como no hay electricidad, no hay luz, ni tele, ni nada, los teléfonos están descargados y la recepción de internet es bastante mediocre, hay que a dormirse como las gallinas apenas se va el sol. ¡Uy qué divertido es el camping!... ¡No! Es hora de sacar las lámparas y salir a explorar. Nunca sabes que vas a encontrar. Si te gusta ver las estrellas, las constelaciones se aprecian clarísimas, incluyendo la Cruz Del Sur, ícono del pueblo australiano. Incluso algunos personajes folclóricos gustan de tatuársela en sus cuerpos, como cuando alguien se tatúa el escudo nacional.

Se ven los grupos de exploradores recorriendo el lugar y todos tienen algo en mente, encontrar a un wombat. Los wombats son animalitos australianos que parecen ositos en miniatura, son marsupiales y peludos, son animalitos muy tiernos pero tienen unas garrotas tipo Niurka Marcos de horror. Merodean el sitio toda la noche, incluso se recomienda no dejar comida adentro de las tiendas porque pueden rasgarlas y entrar. Salimos pues en una expedición especial a buscar un wombat. La más pequeña del grupo se asustó con la obscuridad así que regresó a la tienda con su papá. Mi otra exploradora y yo continuamos la misión. Encontramos un wombat que bebía agua tranquilamente. No pareció inmutarse ante nuestra lámpara. Regresamos a la tienda y nos dormimos.



El viento estuvo terrible, varias veces desperté sobresaltada, sin embargo nuestra tienda de campaña Coleman resistió el viento sin inmutarse. Juraba que amanecería con una rasgadura pero no. Tristemente llegó el fin de nuestras vacaciones no sin antes echar un vistazo a Whiskey Bay. 

Acampar es libertad. Te olvidas del tiempo, del celular, del mundo...es una actividad ideal si buscas relajarte, reencontrarte contigo mismo y no hay nada mejor que un paisaje sin gente, el estar alejado de la civilización y el ritmo cotidiano te obliga a escuchar tus propios pensamientos y a reflexionar. Citaré a uno de mis autores favoritos, Charles Bukowski. “Yo no odio a la gente, simplemente me siento mejor cuando no están a mi alrededor.”

Whiskey Bay, sin filtros