domingo, 30 de julio de 2017

¿Cuál es la mejor forma de viajar? El debate entre el tour y el viajero de aventura.

¿Es un viaje de relajación y quieres conocer la historia del lugar?

Cada viaje es distinto aun si vas al mismo lugar; la experiencia que tengas depende de muchos factores: la estación del año, las personas con las que fuiste, qué tipo de viaje fue, si fue un tour o no, etc. Esta última parte es causa de controversia entre los viajeros. ¿Qué es mejor, un tour prediseñado donde un guía te va contando los pormenores de cada sitio visitado o descubrir por ti mismo la cuidad y diseñar tu propio viaje? La verdad es que no hay una respuesta definitiva. Cada viajero decide qué experiencia quiere tener y cuáles son las mejores condiciones para su viaje.

Si viajas solo, puedes decidir tu propio ritmo y programar el viaje de acuerdo a tus intereses. A veces sucede que cuando viajas con un grupo, los horarios acordados no permiten disfrutar en su totalidad los sitios visitados. Uno quisiera más tiempo para contemplar el paisaje o tomar una fotografía, o varias, quizá, pero el tiempo corre y el guía querrá asegurarse de asistir a todos los sitios que marca el programa.

Otro factor negativo del tour es que tienes muy poca oportunidad de observar cómo se comporta la sociedad del país en el que te encuentras. La mayoría de los tours te llevan siempre en autobús de un lugar a otro y convives con otros viajeros que saben lo mismo que tú, o menos, sobre la región en la que se encuentran. Casi no tomas el transporte público, no convives con los locales, eres simplemente un extranjero que vino por una fotografía y aprender un poco de historia. Además, lo más probable es que visites solamente los sitios más emblemáticos, de los que todo mundo habla y te pierdas así la oportunidad de asistir a algún evento de tu interés o que no disfrutes de ese museo especial al que tanto querías ir.


Utilizar el transporte público te da una visión más general sobre el lugar.


No todo es tan malo, también viajar por tu propia cuenta tiene su lado negativo. Cuando uno viaja solo, debes de investigar y hacer un itinerario para aprovechar tu tiempo al máximo. Si bien es cierto que el itinerario se vuelve mucho más flexible y que puede incluso cambiar conforme a las situaciones, como por ejemplo, conocer a alguien y emprender juntos hacia otro lugar, recomendaciones de a dónde ir, dónde quedarte, etc., también puede pasar que desperdicies tiempo porque estás perdido o que por no saber, ni siquiera visites algún punto importante.

Yo he hecho los dos tipos de viajes, de nuevo, no podría decir cuál es mejor, pero trataré de recopilar lo más importante a tomar en cuenta. La primera vez que fui a París, también fue mi primer viaje internacional y además nunca había ido tan lejos. Sabía que en París estaba la Torre Eiffel y el Arco del Triunfo, visité muchísimos lugares y también conocí personas muy importantes que, de no haberlas conocido, hubiera resultado un viaje completamente diferente. Tengo muchas experiencias que contarles, pero ese ya será otro artículo. El caso es que a mí regreso a México, algunas personas me preguntaron si me había gustado el Centro Pompidou. Este centro alberga al Museo Nacional de Arte Moderno con obras de Picasso y Miró entre otros. Un centro del cual, tengo que confesar, yo ni idea tenía. Me conformé con haber visitado el Louvre y no se diga más. Quizá si hubiera investigado antes un poco no me habría quedado sin ver esta atracción.


Por otro parte, en Moscú me tocó estar en un tour. Era maravilloso tener a un camión esperando por ti para llevarte de vuelta al hotel, sobre todo después de largas caminatas. Además, una de las salidas programadas nos llevó a conocer el Palacio de Catalina, residencia de verano, que obviamente no hubiera sido imposible conocer por cuenta propia, pero sí hubiera representado mucho más tiempo y cansancio, y de seguro perderse un buen rato para encontrarlo, complicaciones de idioma y demás.

Lo más recomendable es primero saber qué es lo que quieres y entonces decidir tu mejor opción. Cuando visité Chiapas, también fui por mi cuenta, pero a veces estando ya en la ciudad de tu elección, puedes acercarte a una agencia de viajes y contratar un tour de un día. Fue una muy buena opción porque éstos ya incluyen el transporte, la explicación y a veces hasta la comida y no quedas sujeto a ellos durante toda tu estancia.




¿Cuál ha sido tu experiencia? Cuéntanos tu opinión sobre este debate entre viajero solo o viajero de tour.
Por Dante Rojas
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sábado, 22 de julio de 2017

En algún lugar del mundo…¡es invierno!

Normalmente nos imaginamos Australia como un lugar cálido, ideal para los amantes de la playa y del surf. Australia posee la barrera de Coral más grande del mundo y sus playas siempre están en el top 10 de las más hermosas a nivel mundial por lo que no es difícil asociar este país con el calor, con los cuerpos estilizados en trajes de baño y fiesta permanente. El clima en el norte de Australia y parte del lado oeste es así, de hecho en Darwin la temperatura varía muy poco en todo el transcurso del año (33oC y tormentas eléctricas). Sin embargo,  en la parte sur es otra historia. Las estaciones del año son muy marcadas. En esta  parte sur, el clima es extremo. En verano, alcanzamos los 45 grados cuando el  viento del norte hace de las suyas contrastando  con el invierno que es largo y gris. El frío dura 6 meses al año.  Tengo ya 8 años residiendo en Australia y nunca se me había ocurrido que el invierno tiene su encanto, no me gusta el frío. Altera mi sentido del humor y mis estados de ánimo.
Airlie Beach,  Queensland, Australia

Antes de mudarme a Australia, viví un tiempo en Playa del Carmen, México. Es facilísimo acostumbrarse al estilo de vida relajado de la costa maya. Siempre hace calor, la fiesta es cosa del día a día, los paisajes hacen que simplemente vivir valga la pena. Duró muy poco mi idilio  con las costas caribeñas pues un tiempo después emprendí una aventura aún mayor: Me mudé a Melbourne, Australia, no sabía si tendría boleto de regreso , si mi  vida nueva en un país tan diferente y lejano iba a mejorar o a empeorar. No es fácil dejar atrás todo lo que eres y comenzar de cero. A mis retos personales se sumó este factor importantísimo: el clima. Es curioso que mientras redacto estas líneas, estoy arropada de los pies a la cabeza, enfrente de la calefacción y tomando un taza de té. Para mí el invierno es la época de estar encerrada viendo películas, extrañando la hermosa Riviera Maya y salir con 4 capas de ropa encima. Definitivamente el frío  y yo no  somos amigos…hasta que antier puse esta idea en duda.

Nieve en Australia

El reporte meteorológico es tan especial en estas latitudes y tan esperado que no es necesario poner a una niña guapísima en ropa ajustada y escotes prominentes a anunciar lo que ya sabemos. Aquí se pueden dar el lujo de poner a un hombre mayor en corbata y sin gracia, pues todos esperamos  saber el estado del tiempo para planear nuestras actividades. Yo sabía que cerca de Melbourne nevaba, pero nunca se me ha antojado ir a la nieve, es más,  nunca había visto nieve, únicamente la nieve fangosa en los pies de los alpes franceses, por ahí del mes de mayo.

Encuentra las diferencias

A tres horas de Melbourne se localiza Mt Baw Baw, que es la montaña nevada más cercana. Para llegar hay que dirigirse hacia las praderas del Yarra (Yarra Ranges) y pasar por varios pueblos bellos y muy típicos, viñedos, pastizales infinitos, ganado…así es la provincia australiana,  increíblemente verde en estas épocas. Una hora antes de llegar comienza la subida. Les recomiendo alquilar la cadena para las llantas del auto antes de Icy Creek, un pueblito a una hora de Mt Baw Baw, o un poquito después pues es motivo de multa no traerla en época de nieve. El alquiler cuesta 30 dólares y al llegar a la entrada te preguntarán si la traes.



Camino a Mt Baw Baw


En la última hora de viaje, el camino  se vuelve sinuoso,  al llegar,  una de mis hijas vomitó…lleven un cambio de ropa si sólo van por un día, pero no se los recomiendo.  Recomiendo quedarse al menos una noche ahí mismo,en Mt Baw Baw, o en algún lugar cercano como Noojee, Neerim o Warburton. El alojamiento en cualquier resort de esquí es muy caro en época de invierno, lo mejor es hospedarse en algún lugar cerca por una fracción del costo.

De pronto, a unos 10 minutos antes de llegar a las puertas, comienzas a ver nieve, al menos en esta semana que fui, que para ser honestos no es la mejor. No hay mucha nieve aún, pues apenas inicia la temporada. La mejor época para ir es en agosto.



Paisaje alpino australiano, Mt Baw Baw

Mi primer viaje a la nieve

Como en este hogar no somos fanáticos del  frío, obviamente no tenemos equipo para ir a la nieve, pero  lo puedes alquilar ahí mismo. Por 188 dólares obtuvimos todo el equipo para cuatro personas (chamarra, pantalón y botas)  y un par de trineos para jugar. Los guantes y gorros hay que comprarlos. Los guantes tejidos se mojan rápidamente, hay que llevar guantes especiales para nieve. 

La diferencia entre la ropa normal y la ropa de nieve es que la segunda es térmica e impermeable. Los jeans se mojan rápidamente  ¡recuerda que es a fin de cuentas, es agua!




En esta tienda puedes alquilar todo lo necesario, desde ropa y zapatos hasta esquíes

Cuando llegamos, no me había dado cuenta que había mucho hielo sobre las rocas e intenté bajar una rampa   pisándolas… jamás me imaginé que mis sketchers que tanto amo se volverían unos patines, se deslizaban terriblemente en el  hielo y me sentía como Bambi tratando de mantener el  equilibrio. Con las botas de hielo fue otra historia, seguía medio resbaloso pero no tanto…

En Mt Baw Baw puedes esquiar, jugar con toboganes, con nieve, rentar un skidoo (motocicleta de nieve) hacer tours de caminata en nieve, tours con trineos jalados por perros, puedes disfrutar alimentos deliciosos, hay servicio de emergencia por si te caes o lesionas, en fin, es todo un resort invernal al sur de los Alpes Australianos. Es el más cercano a Melbourne y el más economico.

Pasamos la mayor parte del día jugando con los toboganes y con la nieve, me divertí viendo a la gente resbalarse, chocar, caerse, reírse...de eso se tratan las vacaciones. Lo disfruté bastante y mi familia también. 



Pero...sinceramente, no fue lo que yo esperaba, tenía expectativas muy altas en cuanto a los paisajes nevados.  No es culpa de Mt Baw Baw sino de la imagen que nos creamos antes de viajar. Estoy segura que a todos nos ha pasado. En fin, esto apenas comienza, seguiré buscando el paisaje nevado ideal, ya sea en Australia, Nueva Zelanda, Europa, Canadá...¡Acepto recomendaciones y fotos! 

viernes, 14 de julio de 2017

Una ventana a la riqueza natural y cultural de México.



Chiapas es parte de la riqueza natural y cultural de México. Muchas veces concebimos un país como un todo, cuando en realidad está conformado por varias partes. Esta aseveración se puede observar fácilmente al viajar por México. La geografía de Chiapas está compuesta por montañas, valles y llanuras. Por lo tanto, Chiapas es hogar de miles de especies animales y vegetales.


Uno de los íconos de Chiapas y la primera parada obligatoria es el Cañón del Sumidero. Lo primero que debes de hacer es dirigirte a Chiapa de Corso, desde donde parten las lanchas que te llevarán a conocer uno de los espectáculos naturales que ofrece esta región. Antes de iniciar mi aventura, decidí desayunar en uno de los restaurantes que hay ahí cerca. La comida es exquisita y hay una gran variedad de frutas.

Por cierto, les recomiendo enormemente llevar una gorra o sombrero para cubrirse del sol. El paseo dura aproximadamente una hora y las lanchas no cuentan con parasol. Claro que durante el camino ni cuenta te darás de si te estás quemando o no porque quedarás maravillado con los paisajes. Si tienes suerte podrás ver a los cocodrilos tomando el sol, monos jugando en los árboles y varias aves en el borde del desfiladero.

Curiosamente llega un punto, antes de volver, en el que te encuentras con otros botes que fueron adecuados para poder vender botanas y bebidas. En México para bien o para mal, siempre habrá quien te venda comida, así sea a la mitad de un cañón. Durante el recorrido también verás cuevas y pinturas rupestres. ¡Todo un espectáculo!




Ya hablamos de la naturaleza, ahora hablemos de la riqueza cultural. Mi segunda parada fue San Cristóbal de las Casas.  Esta ciudad se encuentra a una altitud de más dos mil metros sobre el nivel del mar por lo que tan sólo el recorrido para llegar ofrece una vista impresionante. Tomé una camioneta tipo van, en la que caben alrededor de 8 personas. La carretera te muestra todo el valle, y si el clima lo permite, el rango de visión es muy amplio. ¡Te sentirás entre las nubes! Y si le tienes miedo a las alturas, también llegará un punto en el que te preguntarás si llegarás con vida hasta allá arriba; en parte porque en general en Chiapas se maneja muy rápido.

San Cristobal de las Casas es una ciudad donde conviven armoniosamente el México indígena y el México moderno. Sus calles de la época de la conquista, los edificios de estilo colonial, la población indígena, los turistas de todas partes del mundo y los paisajes naturales se combinan para formar una atmósfera única. Lo primero que llama la atención, es escuchar a la población local, vestida con trajes típicos, hablando la lengua tzotzil. Se escucha en cualquier esquina, en los mercados, vaya, tan utilizada es que hay quien va hablando por celular en tzotzil.




Si eres mexicano o proveniente de otro país donde también hay un gran número de lenguas nativas, quizá no te sea algo raro. Al final de cuentas estamos conscientes de que estos idiomas existen. Pero Chiapas es diferente, en Chiapas la gente es libre de hablar lo que ellos quieran. No es una lengua estigmatizada. Nadie habla en voz baja, nadie se oculta al hablar. El español se utiliza como lengua franca pero definitivamente no es parte de la localidad. Vaya que hasta las bocinas que anuncian algún producto, reproducen el audio en tzotzil.

¡Los paisjes naturales que ofrece Chiapas son maravillosos!
Ahora que, si lo tuyo es la aventura y quieres ver todavía con más profundidad la sociedad indígena de México, tienes que visitar San Juan Chamula. Lo que más turismo atrae a este pueblo es el templo. Se trata de una construcción de estilo colonial, similar a muchísimos templos católicos de cualquier región de México, pero su interior es completamente diferente. Para entrar necesitas pedir permiso en la alcaldía, pagar tu cuota y eso sí, POR NADA DEL MUNDO sacar tu cámara fotográfica. Este pueblo a pesar de ser parte de México, está regido por sus usos y costumbres así que, si algo llegara a pasar, la policía no podrá hacer mucho por ti.

Una vez dentro, notarás que el piso está completamente cubierto con hierbas, no hay luces artificiales y toda la iluminación está a cargo de cientos de veladoras que la gente va prendiendo a su santo. ¿Cuántos santos hay y exactamente por qué se les reza? Les voy a deber esa respuesta. Cada tres pasos encontrarás un altar con un santo diferente. Es algo espeluznante al principio, a decir verdad. En primera desde que llegas al pueblo te sabes foráneo y todas tus acciones son seguidas por los ojos de los lugareños. Tú eres la minoría en este pueblo, no hablas la lengua, tu vestimenta es diferente, tu fisionomía, todo en ti. Dentro de la iglesia había una señora arrodillada a la mitad del edificio, tenía cataratas en los ojos, sus cabellos eran grises y además gritaba (o rezaba), algo incomprensible para mis oídos y en un tono de expiación profunda mientras movía algunas hierbas y prendía incienso.

Vale mucho la pena, a pesar de ser algo totalmente nuevo y diferente, te dejará con un gran sabor de boca. De vuelta a Chiapas en general, la gastronomía es deliciosa. No olvides visitar el zoológico (no es el clásico zoológico lleno de jaulas) y también aventurarte hacia la frontera con Guatemala. Ahí hay unos lagos y cataratas que te dejarán con la boca abierta, de las cuales ya hablaremos en otra ocasión.



Por Dante Rojas
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viernes, 7 de julio de 2017

Machu Picchu ¡Una ciudad inca entre las nubes!

Mi sueño era conocer Machu Picchu, tener una foto como todas esas que vemos cuando nuestros amigos visitan ese maravilloso lugar. Esas ganas de estar ahí me llevaron a mi siguiente destino: Sudamérica


Después del recorrido que ya les conté de 4 días para llegar, después de caminar como nunca antes lo había hecho, llegó el tan esperado día. 

Me levanté a las 3:30 a.m. Teníamos que empezar a caminar hacia la puerta del puente, el primer acceso a la zona arqueológica, para entrar a las 4 a.m. La noche anterior tuvimos que comprar algo para desayunar porque a esa hora nadie nos daría nada. Después de un plátano, yogurt y galletas, comenzamos la caminata hacia el puente en pequeños grupos. Hicimos como 30 minutos, quizás un poco menos, y tuvimos que esperar formados a que abrieran. Justo a las 5 a.m. abrieron y ahí nos esperaban las famosas escaleras de Machu Picchu.

No tengo idea de cuántos escalones sean, pero es MUY pesado subirlos. La verdad sirvió mucho el entrenamiento de los días anteriores. Tardé en subir exactamente una hora. Recuerdo que mi reloj marcaba las 6:07 a.m. y el guía nos esperaría a las 6:15 en la entrada. El guía fue muy enfático en el uso del baño antes de entrar a Machu Picchu ya que adentro no hay baños. Entonces hice la parada obligatoria que tiene costo de 1 sol, aproximadamente 5 pesos mexicanos (30 centavos de dólar). 

Los tours anteriores a éste que contratamos con la misma agencia, nunca comenzaban a la hora pactada. Esto para mí era muy desesperante porque son minutos de sueño que me robaban. Empezamos casi a las 7 la explicación con todo el grupo. Yo tenía cita para subir a Huaynapicchu, la montaña más famosa, a las 8. Si quieres subir a la montaña más alta que es ésta, tienes que reservar por internet con anticipación. Yo igual lo reservé con la misma agencia que hice el tour. 

Cuando comenzó la explicación, el dios de la lluvia se hizo presente y comenzó a llover muy fuerte. No se veía nada de lo que nos estaban explicando y pues mi mente pensaba en todo menos en seguir la historia de los incas que contaba el guía. Estaba estresada por no llegar a la cita que tenía porque aparte no se veía nada nada, había mucha neblina y cuando me decían que tenía que caminar “para allá” yo sólo veía nubes y pensaba que me iba a perder, muy desesperante en verdad. 


Escaleras hacia las nubes


Me despedí de todo el grupo y continué el recorrido sola ya que después de la explicación con los guías, teníamos tiempo libre en Machu Picchu y cada quién escogía su camino. Llegué a tiempo a la entrada de Huaynapicchu (que tiene diferentes formas de escritura pero es la que más me gusta). Vi la imagen de todo lo que iba a subir y pues me preparé psicológicamente para subir y subir y subir. Tardé una hora exacta en hacerlo. Una hora subiendo escalones es mucho más pesado de lo que se lee, ¡se siente como si fueran 3 horas! 


Ya estando hasta arriba de la montaña más alta, exhausta, lo menos que esperaba era una gran recompensa, un bello paisaje, ¡pero NO! Seguía nublado y esta es la foto que saqué estando hasta arriba. Bonito, ¿no? 

Estuve 15 minutos en una roca, descansando y rogando a los dioses incas que saliera el sol o que por lo menos se quitaran las nubes …sólo una foto, ¡sólo una! Había un policía hasta arriba que te invitaba a comenzar a descender para que no se atiborrara de gente, ya que no es muy amplio. Me comí unas papas fritas para motivarme al descenso. Tampoco podía esperar mucho ya que tenía que estar en Hidroeléctrica a las 2:30 p.m. Me tomó 40 minutos bajar. La bajada es menos pesada, pero por alguna razón me empezaron a doler las rodillas; mi cuerpo no estaba acostumbrado a tanta caminata.


Cuando bajé, seguía nublado, menos, pero la visibilidad era limitada. Lo que pude ver de Machu Picchu fue de camino a la salida porque faltaba la hora de bajada y las 3 horas de camino de regreso que hicimos el día anterior. El tiempo me estresaba bastante así que tomé fotos y ésta es la que tengo de mi visita, con el impermeable que fue la mejor inversión que pude haber hecho en Perú, una toalla empapada y mis zapatos de caminata en la espalda porque me lastimaban, o sea ¡todo mal! pero la cara de felicidad ahí estaba. Donde están las nubes imagínense las montañas, ¿va? 

Saliendo de Machu Picchu, lo que se debe hacer es poner un sello en el pasaporte y ¡se me olvidó! Fui otra vez al baño porque me esperaba una larga caminata aún y empecé a bajar. Como ya me dolían las rodillas me tardé igual una hora en bajar. Insisto en que la bajada requiere menos esfuerzo físico pero igual es cansado y cuando ya duele o molesta algo es bastante pesado. Cuando terminé de bajar los escalones me detuve unos segundos y las piernas me comenzaron a temblar horriblemente ¡no me podía detener! todavía faltaban 3 horas y el tiempo estaba justo. Y así, sin detenerme por miedo a que si me sentaba ya no me iba a poder levantar, caminé hasta Hidroeléctrica. 

Llegué a las 2 de la tarde, pasé por el mochilón que había dejado en el restaurante y me senté a comer algo. Contando las horas que caminé ese día… 10 horas seguidas con 15 minutos de descanso; me sentía rara. Me sentía feliz pero un poco frustrada por no haber logrado ver Machu Picchu como esperaba verlo. Creo que si hubiera llegado en tren y subido en camión y me hubiera encontrado con el día más nublado que he visto me hubiera llevado una gran decepción. Pero logré disfrutar todo el camino, todas las aventuras que me llevaron hasta ahí no las cambio por nada. Entonces quizá Machu Picchu no fue lo que yo esperaba, pero todo lo que me llevó ahí me gustó tanto que me siento feliz y orgullosa de haberlo logrado. 

Mi recomendación es que si van se queden un día más en Machu Picchu pueblo para que no tengan la presión del tiempo por regresar tan rápido, puedan disfrutar más tiempo ahí y puedan esperar a que salga el solecito. Llegué a Cusco como a las 10 p.m. y preparé la maleta para la última caminata que me tenía Perú, la montaña de los 7 colores. 

¡Hasta pronto, mis queridos viajeros! 




Por Mayela Román
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