Ya estamos en abril y en México comienzan las preparartivos para celebrar el día del niño el día 30, pero¿sabías que no se celebra en la misma fecha en otras partes del mundo?Varios países lo celebran el 20 de noviembre porque ese es el día internacional oficial. Fue el Reino Unido quien en 1954 declaró la celebración para promover el beneficio y reconocimiento del bienestar en los niños y posteriormente la Organización de las Naciones Unidas promulgó los derechos de los niños en el mismo día. Países como Canadá, Egipto, Francia, Grecia, España, Suiza y Reino Unido lo celebran el 20 de noviembre. Otra fecha popular es el 1ro de junio porque en 1950, la Federación Democrática Internacional de Mujeres lo declaró como “El día para la protección de los niños”. Países como Bielorrusia, China, Ecuador, Líbano, Nicaragua, Portugal, Rusia y Ucrania lo celebran este día.
Hoy vamos a hablar del Komodo no hi, el día del niño en Japón, que al igual que en Corea del sur, se celebra el 5 de mayo. Esto porque el 5 de mayo representaba en la antigüedad la fecha en la que iniciaba el verano. En este día, además de felicitar a todos los niños, también se reconoce a las madres que han hecho un excelente trabajo criando a sus hijos. En esta fecha encontrarás muchos Koinorobi afuera de las casas. Básicamente se trata de cometas (papalotes) en forma de carpa que representan el valor y la perseverancia de la familia en general, porque este pescado puede nadar a contra corriente al igual que el salmón. El pescado negro y más grande representa al papá, después la mamá y por último los hijos de la familia. Tradicionalmente se colgaban sólo en las casas donde había niños varones.
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Si estás en Tokio en esas fechas y estás cerca de Disneylandia, podrás participar con tus hijos en la carrera de 2 km a lo largo del parque donde Mickey, Pluto y varios personajes más te echarán porras para que completes la carrera y no desfallezcas a la mitad.Para seguir con nuestra sección dedicada a Disney (ver Disney Tokio y Disney California Adventure) además te contaremos qué otras atracciones vale la pena visitar.
Ya sea que vayas con tus hijos o que quieras consentir a tu niño interior, debes visitar It’s a Small World (¡Qué pequeño el mundo es!) donde podrás dar un paseo sobre el agua y recorrer distintas partes del mundo mientras escuchas Qué pequeño el mundo es en alguna de sus múltiples versiones en otros idiomas. Si eres de los que prefieren las atracciones más intensas, entonces no dudes en visitar Big Thunder Mountain, un tren que baja las vertientes de una montaña.
Si tienes hijos menores de tres años o simplemente quieres sacarte la foto del recuerdo, Chip ‘n Dale’s Treehouse es el escenario perfecto para obtener esa foto que tanto quieres presumir. Otra divertida atracción es Monsters, Inc. Ride & Go Seek. Aquí te subes en unos coches y tendrás que poner atención a los diferentes escenarios para con una pistola láser, encontrar a los monstros escondidos, pero ¡cuidado! No vayas a apuntar la pistola a Boo.
No importa cómo festejes ni en qué parte del mundo te encuentres. Estas fechas nos recuerdan la importancia que tienen los niños en la sociedad, los problemas que junto con ellos debemos enfrentar y reconocer que aún son una población vulnerable y requieren de nuestro apoyo.
¿Cómo se festeja en tu país? ¿Qué lugares recomiendas a la comunidad viajera? No olvides comentar.
Hace
una semana publicamos una reseña sobre la experiencia que tuvo Fabiola,
escritora para Viajes y Postales, en Disneyland y al leer sus anécdotas, me di
cuenta de que había muchas similitudes, pero también diferencias. Hoy quiero
hablarles sobre Disney en Japón. ¿Es parecido? ¿Hay los mismos juegos? ¿Qué
pasa con los personajes?
Definitivamente
hay diferencias, y las habrá con cualquier viaje que hagamos, incluso si vamos
al mismo lugar. Viajar es una combinación del destino con el tiempo, los
acompañantes, nuestras experiencias previas, nuestros viajes previos, depende
de nuestro humor, incluso de si era nuestro destino y buscábamos ir o
simplemente el camino nos lo mostró.
Disneyland
Japón fue el primer parque que operó fuera de los Estados Unidos así que su
diseño está basado en el de California y Florida. Después de recorrer el primer
pasillo, lleno de tiendas de recuerdos y de objetos con los personajes de
Disney, verás el castillo emblemático que recibe a sus visitantes y que provoca
todo tipo de reacciones, desde el asombro de los niños hasta la melancolía de
los adultos.
Por
cierto que hay dos parques que están juntos. El otro se llama DisneySea, donde
hay juegos acuáticos y está ambientado con personajes de las películas cuyas
historias se desarrollaron cerca del mar. En DisneySea podrás subirte a una
góndola veneciana, o pasear a lo largo del puerto. Podrás sumergirte para ver
la vida marina ¡desde el punto de vista de Nemo y Dory! o embarcarte en una
aventura junto a Sindbad, jugar con Ariel y muchas atracciones más.
En
Disneyland también hay varias atracciones que vale la pena visitar, pero como
cualquier parque de diversiones, es necesario ir con mucho tiempo disponible y
llegar lo más temprano posible porque las filas son interminables.
Afortunadamente estamos en Japón y los niveles de organización y limpieza
cumplen con los más altos estándares. Hay juegos en los que puedes escanear el
código de barras de tus boletos y obtener un pase con hora impresa para que no
te tengas que formar sin ningún costo extra.
¡Prepárate
para ser bombardeado con objetos de Disney! Las hamburguesas tienen forma de
orejas de Mickey o Minnie, las cubetas de palomitas son de hecho algunos de los
personajes. Yo compré una cubeta con forma de Alien de Toy Story. Tardé mucho
en decidirme, quería comprar otra; ¡hay tantas por escoger! Pero no te emociones,
no resulta muy cómodo andar cargando tu cubeta ya vacía por todos los juegos.
Además de las botargas y de las personas disfrazadas que forman parte oficial
del parque, verás decenas de personas con los accesorios de sus personajes
favoritos. ¡Recuerda que estás en Japón! La cultura de las personificaciones es
un elemento que da visa a esa maravillosa sociedad.
Quizá
el juego que más me gusto fue Star Tours: The Adventures Continue. Básicamente
es un simulador, pero si tomas en cuenta que estás en uno de los puntos más
tecnológicos del planeta y que además es un lugar donde la imaginación se
mezcla con la realidad, sabrás que es la fórmula perfecta para una de las
mejores experiencias en cuanto a realidad virtual.
Todo
comienza desde que te formas. Recorrerás los pasillos que te llevan a una
especie de aeropuerto con miles de señalizaciones en idioma galáctico.
Constantemente escucharás los llamados a abordar a través de la puerta número
x. Los detalles están cuidados a la perfección. Minutos antes de abordar la
nave, un ruido estremecedor te hará saber que la nave ha aterrizado y se
encuentra lista para su abordaje. Al abrir las puertas te recibirán las
azafatas, muy amables, y te llevarán hasta tu asiento. Abrocharás tu cinturón
de seguridad y esperarás el conteo para el despegue.
Salir
de la atmósfera no es fácil, después de todo estás en el interior de una nave
espacial que tiene que alcanzar velocidades extremas para romper la fuerza de
la gravedad. Puedes sentir la turbulencia y la misma fuerza de gravedad
tratando de regresar tu nave, pero una vez en el espacio, todo es calma por
algunos segundos. Estás ahí, enfrente de las estrellas, mirando los planetas y
la tranquilidad del espacio cuando ¡de repente! Aparecerán las naves imperiales
que intentarán derribar tu nave. ¿Si te imaginas lo que te espera, no? El
movimiento acertado de los pilotos será acelerar a la velocidad de la luz,
miles de líneas luminosas destellarán y habrá que esquivar los meteoritos para
tratar de perder a las naves enemigas. Descubre por ti solo cuál es el final de
esta aventura que de seguro te sorprenderá
Déjanos
tus comentarios, ¿Qué te gustaría saber? ¿A dónde planeas viajar?
¿Alguna vez escuchaste que Tokio está lleno de botones y luces? ¡Es
cierto! En esta ciudad se han desarrollado en perfecta sincronía la
modernidad y la tradición; desde templos de madera hasta rascacielos de
cristal. Hay tantas cosas qué ver y hacer, que será mejor que planees
varios días para recorrer esta ciudad. Eso sí, también es necesario
saber a dónde quieres ir y medir las distancias porque el costo del
transporte puede causar problemas a tu presupuesto.
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El mejor
medio para transportarse es el metro; aunque tardarás un poco en
acostumbrarte. El primer día estuve parado casi 30 minutos viendo las
hordas de gente pasar. Me quedé a la mitad de un pasillo viendo los
colores de las líneas, las diferentes entradas a las plataformas, las 20
bifurcaciones del pasillo principal, todos esos signos japoneses. Gente
iba, gente venía, y yo con mi maleta, a la mitad de todos, sin rumbo,
sin esperanza (bueno, quizá ya exageré). Sucede que en Tokio hay tres
sistemas de trenes: el Metro de Tokio, operado por dos compañías y el
sistema de trenes suburbanos. Obviamente los boletos no son
intercambiables, a menos de que compres una tarjeta recargable (una de
ellas se llama Pasmo). A todo esto hay que sumarle que el cobro se hace
por distancia: entre más lejos vayas pues más pagas. También tienes que
fijarte en si te subes a un tren local o uno express porque pudiera ser
que no se detenga en tu parada. ¿Crees que es todo? ¡No! también está el
sentido de circulación. Yo recomiendo ampliamente no asomar la cabeza a
ver si ya viene el tren porque podrías terminar decapitado por el tren
que llegó por tu espalda. Es el mismo sentido que se utiliza en Reino
Unido, Australia, India, Hong Kong, etc.
Es toda una
aventura. Nunca sabes qué ruta tomará, por qué si vas hacia el sur se
fue hacia el norte, cómo es que estabas en la plataforma derecha y el
tren llegó por la izquierda, por qué si estás en la línea roja pasó el
tren de la línea verde. El punto es que si sigues las instrucciones,
llegarás. Es casi mágico; quizá en los túneles hay hoyos
teletransportadores que se comunican cual agujero de gusano, quizá
Godzilla juega con los trenes y los cambia de posición. Tal vez hayas
subido al gatobús disfrazado de tren. Nada se sabe, ¡Bienvenido a Tokio!
Perdón
que insista pero debes de saber que al principio sufres una fuerte
desorientación; te norteas vaya, como decimos en México. En una ocasión,
con unos amigos, tomamos un tren para ir de visita a un castillo.
Digamos para efectos prácticos que nos fuimos hacia el norte y de
regreso, ¿qué sería lo más lógico? Obvio, nos paramos en la plataforma
sur, pero el guardia comenzó a decirnos que nos quitáramos de ahí porque
el tren no pasaría. ¡Ja! Lo redacto como si de veras hubiera entendido.
Eso me hizo creer mi cerebro, quizá solamente estaba conjurando alguna
especie de maldición japonesa digna de película de terror nipona. En
fin, llegó el tren del otro lado; el tren que NO queríamos abordar.
Todos a través de las ventanillas nos veían extrañamente y además del
guardia otras personas nos hicieron señas de que tomáramos el tren. --
Pero nosotros no vamos hacia allá-- le expliqué mientras movía mi mano
señalando la otra dirección. Pero la presión social es fuerte e incluso
el maquinista nos veía con desesperación, vio su reloj de bolsillo y
suspiró --¡turistas!-- debió de haber pensado. Pues sí, qué pena
admitirlo pero ese fue el triste día en que contribuimos a la mala
imagen del turista, el día que retrasamos uno de los trenes de tan
puntual sistema ferroviario de Japón. ¿Que si llegamos? ¡Claro que
llegamos!, les digo que ya adentro alguna presencia espiritual se
encarga de redireccionar los trenes.
Por cierto que el primer
día, mientras tratábamos de entender cómo funcionaba la red, nos
encontramos con unos trabajadores del metro, muy amables y chistosos,
que nos dieron una hoja y una pluma para llenar una encuesta sobre
nuestra experiencia en el metro de Tokio; y es que como se están
preparando para la llegada de los turistas a los juegos olímpicos, las
autoridades comienzan a prepararse y prever cualquier eventualidad. Nos
acercamos a ellos en un intento desesperado de pedir ayuda, nuestra
mirada gritaba “no sé qué hago aquí, ayúdame por favor” pero segundos
antes del intercambio de palabras, ellos nos bombardearon con una serie
de preguntas en un inglés fusionado con la pronunciación nipona que
finalizó en señas y reverencias cada que escribíamos algo en el papel.
Las preguntas incluían comparaciones entre el sistema de transporte de
tu país contra el de Tokio y pues ya entrados en materia, nos dedicamos a
contestar como los eruditos que éramos con toda la esperanza de poder
quedarnos con la pluma y así conquistar nuestro primer recuerdo de la
tierra del sol naciente.
Entenderle a la máquina expendedora de
billetes te puede costar varios minutos pero no te preocupes, los
japoneses son muy pacientes; y si no lo son por lo menos ni te enterarás
de que en su cabeza te están enterrando en el mismo pozo de donde salió
la niña del aro porque su expresión permanece inmóvil. En algunas es
muy visible el botón que dice inglés, a otras hay que rascarles un poco.
Si te pasas de estación y decides salirte o tu ruta cambia a la mitad,
no podrás salir de la estación por aquello de que, ya quedamos, el costo
depende de la distancia. En todo caso, dentro de todas las estaciones
hay una máquina llamada “ajuste de tarifa” donde te formas con toda la
honestidad de tu ser a decirle a la máquina que has viajado unos metros
de más y que mereces el castigo divino y la reevaluación del costo de tu
billete. Una vez validado tu billete podrás salir sin ningún problema
pero yo sugiero, para evitarte el problema de hacer fila en la máquina
del juicio metropolitano, llevar siempre tu tarjeta con saldo a favor y
permitir que el sistema calcule automáticamente el costo.
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Una
amiga, de cuyo nombre no quiero acordarme y a quién tampoco quiero
quemar socialmente, ya ven que la quema virtual de brujas es muy común
hoy en día, metió su tarjeta en el traga-billetes, en lugar de pasarla
por el lector de tarjeta. Obviamente la máquina se descompuso y causó
gran revuelo entre los usuarios, quienes empezaron a quejarse de que un
torniquete no servía, causando el retraso de su viaje (En Japón todo
gira en torno al tiempo o el retraso de los eventos). Olvida la
descompostura, el horror de saber que tenía que volver a la máquina
expendedora de tarjetas para volver a comprar otra, después de haber
pasado varios minutos intentando descifrar el códice chino-japonés de
Confucio para hacerse de una.
¡Hay tantas cosas qué contar! Y
sólo estamos hablando de los trenes eh. Dato cultural, en japón también
hay un vagón exclusivo para mujeres. Lo supe por dos cosas: 1) las
huellitas de los pies dibujadas en el piso, que marcan el lugar donde
debes de pararte para evitar estorbar la salida de los pasajeros, son de
color rosa, y 2) Una día ya un poco tarde, subí a un vagón que tenía
muchos asientos disponibles cuando, sin haber acabado de sentarme, uno
de lo guardias se acercó a mí y me corrió cual perro callejero haciendo
señas con las manos; podría jurar que a ritmo de úshcale o sáquese o
como quiera que digan en su pueblo. Obviamente mi cerebro occidental no
entendió lo que estaba pasando y simplemente me recorrí unos asientos
más. Pensé que me había sentado en un lugar reservado para personas de
la tercera edad y que aunque el vagón estaba vacío, seguramente la regla
mil ochomil del reglamento de transportes de la carta del buen
ciudadano japonés, en sus versículos del 3 al 8 dice: “ninguna persona
debe de ocupar el asiento reservado aún siendo el único pasajero en todo
el tren”. ¡Pero no! Aún cuando me recorrí, el guardia me escoltó tres
vagones más hacia el final del tren mientras ponía su cara de “hueles
feo”, acompañada de los brazos cruzados aproximadamente a la altura de
la cara; aparentemente la seña nacional para decir que no.
Y
hablando de señas, fíjate bien cuando llega el tren y cuando se va.
Verás las reverencias de los guardias que esperan la llegada del tren y
en la última parte de éste, hay un guardia que se asoma y hace un saludo
tipo militar hasta que el tren abandona la plataforma.
Una publicación compartida de Dante Rojas (@darlexrolop) el
En
fin, en otra ocasión les contaré sobre los lugares que pueden visitar
una vez que hayan dominado el metro de esta gran ciudad. Aquí les dejo
el mapa del metro de Tokio; en la página podrán descargar una versión
.pdf en español. Si tu plan es conocer otras ciudades además de Tokio,
te conviene comprar un pase de tren, conocido como Japan Rail Pass (JPR). Con este pase podrás moverte entre ciudades e incluso dentro de
Tokio, pero recuerda combinarlo con el metro porque el JPR solo tiene
estaciones en los lugares más concurridos y quizá tengas que caminar
mucho desde o hacia tu hotel.