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miércoles, 3 de mayo de 2017

¿Viajar tiene su lado B? Seis cosas que te suceden al viajar y que nadie te cuenta

Los sitios turísticos están siempre a reventar de gente. 


Yo también quiero ver :(
Siempre que vemos una bonita postal, podemos apreciar los impresionantes paisajes y los mejores momentos de luz que nos invitan a ir a ese lugar. En todas las fotos que vemos, en especial de los sitios turísticos, aparecen lugares paradisiacos y relajantes o tomas espectaculares de algún edificio. La verdad es que estos sitios están por lo regular llenos de personas que quieren tomar exactamente la misma fotografía que tú. A veces hay que hacer filas interminables que te quitan muchísimo tiempo y todo para ver uno de los emblemas más icónicos de tu destino. Pero bueno, esa envidiable foto de perfil valdrá la pena. Sólo recuerda, Paris es más que la Torre Eiffel, Nueva York más que la Gran Manzana y así sucesivamente. No pasa nada si alguna vez decides no gastar todo tu tiempo en esos lugares y aprovechas para ver más sitios en lugar de uno.


Serás objeto de timos y engaños

Y claro, estar en un país donde tienes cara de perdido 24/7 y además no entiendes bien lo que está pasando pues imagínate. En general viajar te abre la mente y te ofrece experiencias inolvidables. Seguro conocerás a gente muy interesante, pero cuidado. También hay quienes se quieren aprovechar de tu poca competencia lingüística y de tu pobre costumbre con la divisa extranjera. Todavía recuerdo mi primer engaño; una chica "sorda" se acercó a mí en París, justo en los jardines de la Torre Eiffel. Con señas y enseñándome una libreta me di cuenta de que quería dinero para una institución. Yo pobremente saqué de mi bolso un euro, pero para mi sorpresa ella se enojó. Me mostró una lista con “firmas” de otros turistas, de Estados Unidos y Canadá, quienes donaban de 30 a 50 euros. ¡Madre mía! Si yo tuviera 30 euros para donar, seguro me quedo una noche más en algún hostal.


Prepárate para caminar largas distancias y perderte por un buen rato 


¿Seguros que era por aquí?

Aunque ahora con ayuda de Internet ya es más fácil planear tus rutas y escoger el mejor medio de transporte, lo más probable es que pases un buen tiempo buscando tu destino. Esto es completamente normal, recuerda que estás en un lugar que no conoces y es difícil ubicarse las primeras veces. Añade que hablan otro idioma, que el sentido de circulación a veces cambia, que todos llevan un ritmo diferente al tuyo. También a veces hay que caminar porque uno se baja en la estación de tren equivocada o simplemente ya no te alcanza para pagar el transporte. Recuerda que lo importante de los viajes es disfrutar el camino, en una de esas perdidas descubrirás cosas que pocos viajeros han visto.


Bajarás de peso y saltarás comidas

¿Y eso en mi moneda cuánto es o.O?
No suena tan mal, y ni siquiera estás yendo al gimnasio. Entre todo lo que caminas y además las comidas que por diferentes razones no estás haciendo, seguro bajas de peso. En ocasiones después de haber hecho la fila por un buen rato te das cuenta de que ya es la hora de la comida, pero ni modo de perder el lugar. Así que saldrás ya tarde del museo o la atracción y comerás a otra hora de la prevista. Como llegaste ya noche al hotel y no hay servicio de cena, además de que no tienes ni idea de qué tiendas hay alrededor, seguro irás a la cama sin cenar. A veces simplemente de la emoción de estar visitando lugares nuevos ni te acordarás de la comida o en ocasiones, y en el peor de los casos, te das cuenta de que la comida local no es de tu agrado. Como sea, date tiempo para comer, tu organismo te lo pide. Recuerda que estás gastando mucha energía.


Hacer la maleta de regreso será un triunfo.

Toda la ropa sucia más toda la ropa nueva, el recuerdito que compraste en cada lugar que visitaste. Miles de papeles que según tú te sirven de recuerdo, mapas, cables. El regalo para tu familia, el llavero para los amigos, decenas de bolsas para separar la ropa y los recuerdos. Añade tu mala organización y el cansancio acumulado, y ahí está: la maleta de regreso NUNCA cierra. Hay que sentarse sobre ella, tirar ropa que ya no uses, deshacerse del shampoo, jabones, desodorante, vaya, hasta del cepillo de dientes. Lo mejor es que lleves siempre una maleta mediana vacía, que se pueda doblar. La amarás en tu viaje de regreso, créeme.

El mundo ya no volverá a ser el mismo

Tu visión cambiará. Te darás cuenta de pequeñas y grandes cosas que suceden en tu país y que te gustaría cambiar y también al revés, agradecerás aquellos detalles que los demás no tienen. Adoptarás algunas costumbres y te desharás de otras; quizá ahora seas un fanático del té, te preguntes por qué en tu país el transporte colectivo es un caos, agradezcas el clima de tu ciudad, te guste aún más la comida de tu región, decidas estudiar más a fondo algún idioma, en fin, las posibilidades son infinitas.


Viajar por el mundo definitivamente te aporta nuevos conocimientos y aunque no todo es miel sobre hojuelas, no te arrepentirás de aquel viaje tan satisfactorio.

Por Dante Rojas
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domingo, 19 de febrero de 2017

No podrás creer todo lo que hay qué saber para poder tomar el metro en Tokio


¿Alguna vez escuchaste que Tokio está lleno de botones y luces? ¡Es cierto! En esta ciudad se han desarrollado en perfecta sincronía la modernidad y la tradición; desde templos de madera hasta rascacielos de cristal. Hay tantas cosas qué ver y hacer, que será mejor que planees varios días para recorrer esta ciudad. Eso sí, también es necesario saber a dónde quieres ir y medir las distancias porque el costo del transporte puede causar problemas a tu presupuesto.



El mejor medio para transportarse es el metro; aunque tardarás un poco en acostumbrarte. El primer día estuve parado casi 30 minutos viendo las hordas de gente pasar. Me quedé a la mitad de un pasillo viendo los colores de las líneas, las diferentes entradas a las plataformas, las 20 bifurcaciones del pasillo principal, todos esos signos japoneses. Gente iba, gente venía, y yo con mi maleta, a la mitad de todos, sin rumbo, sin esperanza (bueno, quizá ya exageré). Sucede que en Tokio hay tres sistemas de trenes: el Metro de Tokio, operado por dos compañías y el sistema de trenes suburbanos. Obviamente los boletos no son intercambiables, a menos de que compres una tarjeta recargable (una de ellas se llama Pasmo). A todo esto hay que sumarle que el cobro se hace por distancia: entre más lejos vayas pues más pagas. También tienes que fijarte en si te subes a un tren local o uno express porque pudiera ser que no se detenga en tu parada. ¿Crees que es todo? ¡No! también está el sentido de circulación. Yo recomiendo ampliamente no asomar la cabeza a ver si ya viene el tren porque podrías terminar decapitado por el tren que llegó por tu espalda. Es el mismo sentido que se utiliza en Reino Unido, Australia, India, Hong Kong, etc.

Es toda una aventura. Nunca sabes qué ruta tomará, por qué si vas hacia el sur se fue hacia el norte, cómo es que estabas en la plataforma derecha y el tren llegó por la izquierda, por qué si estás en la línea roja pasó el tren de la línea verde. El punto es que si sigues las instrucciones, llegarás. Es casi mágico; quizá en los túneles hay hoyos teletransportadores que se comunican cual agujero de gusano, quizá Godzilla juega con los trenes y los cambia de posición. Tal vez hayas subido al gatobús disfrazado de tren. Nada se sabe, ¡Bienvenido a Tokio!


Perdón que insista pero debes de saber que al principio sufres una fuerte desorientación; te norteas vaya, como decimos en México. En una ocasión, con unos amigos, tomamos un tren para ir de visita a un castillo. Digamos para efectos prácticos que nos fuimos hacia el norte y de regreso, ¿qué sería lo más lógico? Obvio, nos paramos en la plataforma sur, pero el guardia comenzó a decirnos que nos quitáramos de ahí porque el tren no pasaría. ¡Ja! Lo redacto como si de veras hubiera entendido. Eso me hizo creer mi cerebro, quizá solamente estaba conjurando alguna especie de maldición japonesa digna de película de terror nipona. En fin, llegó el tren del otro lado; el tren que NO queríamos abordar. Todos a través de las ventanillas nos veían extrañamente y además del guardia otras personas nos hicieron señas de que tomáramos el tren. -- Pero nosotros no vamos hacia allá-- le expliqué mientras movía mi mano señalando la otra dirección. Pero la presión social es fuerte e incluso el maquinista nos veía con desesperación, vio su reloj de bolsillo y suspiró --¡turistas!-- debió de haber pensado. Pues sí, qué pena admitirlo pero ese fue el triste día en que contribuimos a la mala imagen del turista, el día que retrasamos uno de los trenes de tan puntual sistema ferroviario de Japón. ¿Que si llegamos? ¡Claro que llegamos!, les digo que ya adentro alguna presencia espiritual se encarga de redireccionar los trenes.

Por cierto que el primer día, mientras tratábamos de entender cómo funcionaba la red, nos encontramos con unos trabajadores del metro, muy amables y chistosos, que nos dieron una hoja y una pluma para llenar una encuesta sobre nuestra experiencia en el metro de Tokio; y es que como se están preparando para la llegada de los turistas a los juegos olímpicos, las autoridades comienzan a prepararse y prever cualquier eventualidad. Nos acercamos a ellos en un intento desesperado de pedir ayuda, nuestra mirada gritaba “no sé qué hago aquí, ayúdame por favor” pero segundos antes del intercambio de palabras, ellos nos bombardearon con una serie de preguntas en un inglés fusionado con la pronunciación nipona que finalizó en señas y reverencias cada que escribíamos algo en el papel. Las preguntas incluían comparaciones entre el sistema de transporte de tu país contra el de Tokio y pues ya entrados en materia, nos dedicamos a contestar como los eruditos que éramos con toda la esperanza de poder quedarnos con la pluma y así conquistar nuestro primer recuerdo de la tierra del sol naciente.

Entenderle a la máquina expendedora de billetes te puede costar varios minutos pero no te preocupes, los japoneses son muy pacientes; y si no lo son por lo menos ni te enterarás de que en su cabeza te están enterrando en el mismo pozo de donde salió la niña del aro porque su expresión permanece inmóvil. En algunas es muy visible el botón que dice inglés, a otras hay que rascarles un poco. Si te pasas de estación y decides salirte o tu ruta cambia a la mitad, no podrás salir de la estación por aquello de que, ya quedamos, el costo depende de la distancia. En todo caso, dentro de todas las estaciones hay una máquina llamada “ajuste de tarifa” donde te formas con toda la honestidad de tu ser a decirle a la máquina que has viajado unos metros de más y que mereces el castigo divino y la reevaluación del costo de tu billete. Una vez validado tu billete podrás salir sin ningún problema pero yo sugiero, para evitarte el problema de hacer fila en la máquina del juicio metropolitano, llevar siempre tu tarjeta con saldo a favor y permitir que el sistema calcule automáticamente el costo.




Una amiga, de cuyo nombre no quiero acordarme y a quién tampoco quiero quemar socialmente, ya ven que la quema virtual de brujas es muy común hoy en día, metió su tarjeta en el traga-billetes, en lugar de pasarla por el lector de tarjeta. Obviamente la máquina se descompuso y causó gran revuelo entre los usuarios, quienes empezaron a quejarse de que un torniquete no servía, causando el retraso de su viaje (En Japón todo gira en torno al tiempo o el retraso de los eventos). Olvida la descompostura, el horror de saber que tenía que volver a la máquina expendedora de tarjetas para volver a comprar otra, después de haber pasado varios minutos intentando descifrar el códice chino-japonés de Confucio para hacerse de una.

¡Hay tantas cosas qué contar! Y sólo estamos hablando de los trenes eh. Dato cultural, en japón también hay un vagón exclusivo para mujeres. Lo supe por dos cosas: 1) las huellitas de los pies dibujadas en el piso, que marcan el lugar donde debes de pararte para evitar estorbar la salida de los pasajeros, son de color rosa, y 2) Una día ya un poco tarde, subí a un vagón que tenía muchos asientos disponibles cuando, sin haber acabado de sentarme, uno de lo guardias se acercó a mí y me corrió cual perro callejero haciendo señas con las manos; podría jurar que a ritmo de úshcale o sáquese o como quiera que digan en su pueblo. Obviamente mi cerebro occidental no entendió lo que estaba pasando y simplemente me recorrí unos asientos más. Pensé que me había sentado en un lugar reservado para personas de la tercera edad y que aunque el vagón estaba vacío, seguramente la regla mil ochomil del reglamento de transportes de la carta del buen ciudadano japonés, en sus versículos del 3 al 8 dice: “ninguna persona debe de ocupar el asiento reservado aún siendo el único pasajero en todo el tren”. ¡Pero no! Aún cuando me recorrí, el guardia me escoltó tres vagones más hacia el final del tren mientras ponía su cara de “hueles feo”, acompañada de los brazos cruzados aproximadamente a la altura de la cara; aparentemente la seña nacional para decir que no.

Y hablando de señas, fíjate bien cuando llega el tren y cuando se va. Verás las reverencias de los guardias que esperan la llegada del tren y en la última parte de éste, hay un guardia que se asoma y hace un saludo tipo militar hasta que el tren abandona la plataforma.


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En fin, en otra ocasión les contaré sobre los lugares que pueden visitar una vez que hayan dominado el metro de esta gran ciudad. Aquí les dejo el mapa del metro de Tokio; en la página podrán descargar una versión .pdf en español. Si tu plan es conocer otras ciudades además de Tokio, te conviene comprar un pase de tren, conocido como Japan Rail Pass (JPR). Con este pase podrás moverte entre ciudades e incluso dentro de Tokio, pero recuerda combinarlo con el metro porque el JPR solo tiene estaciones en los lugares más concurridos y quizá tengas que caminar mucho desde o hacia tu hotel.


¡Hasta la próxima!


Dante R.

domingo, 12 de febrero de 2017

París, La ciudad Luz

Por Fabiola H y Dante R. 

¿Qué te parecería celebrar el Día de San Valentín en la capital del amour, la Ciudad de la Luz? ¡Por supuesto que hablamos de París! Sería la cita perfecta. Comenzarías tu día con un rico desayuno de pan recién horneado y un buen café para después visitar el ícono más representativo, no sólo de París, sino de toda Francia: La Torre Eiffel. ¿Qué tal una tarde de paseo en bote a través del Río Sena mientras observas la arquitectura parisina? Y claro, una buena cena en uno de los barrios más populares, donde podrás probar el platillo internacional que más se te antoje en el Barrio Latino. Es imposible hablar de París sin conmoverse. Quien ha visitado la capital francesa, sabe que tiene un encanto difícil de igualar.

Charles de Gaulle es el nombre del aeropuerto internacional. De ahí sale un tren que va directamente a Gare du Nord, desde donde podrás comenzar tu aventura. El costo del boleto es de 10 euros y es la manera más económica de llegar a la ciudad y también la más interesante, pues te dará una visión bastante acertada de la sociedad francesa. Hospedarse cerca de una estación de metro es obligatorio; la red de metro parisina es bastante fácil de usar y estarás perfectamente conectado con todos los sitios de interés.

La Torre Eiffel

Para llegar a la Torre Eiffel hay que bajarse en la estación de metro Trocadéro y caminar un poco hacia los jardines. La torre no se ve desde que sales del metro, lo que aumenta la emoción de estar ya cerca. A medida que caminas entre las calles, observas la arquitectura del estilo Haussman entrelazado con el gótico y el barroco, miras los numerosos turistas que vienen de todas partes del mundo, escuchas sus idiomas y de repente, de entre los edificios surge aquella torre tan famosa que has visto en infinidad de postales. La vista es impresionante. No importa que tan preparado estés o cuánto te hayan contado. La primera impresión es majestuosa, la torre se levanta entre los árboles y edificios y pareciera crecer entre más te acercas. Los vellos se erizan y sientes la adrenalina correr por tus venas. ¡Estás en París!

Y es precisamente por estar tan cerca, que cuesta trabajo tomar una buena foto; así que aquí les va un consejo. Puedes tomar la línea 6 del metro; es una línea elevada que te permite ver desde un poco más lejos la totalidad de la torre y prepara tu cámara al acercarte a la estación Bir-hakeim.

¡Imagina estar con tu pareja ante todo este espectáculo! Pero si estás soltero/a no te desanimes, en París hay plan para todos. Si viajas en verano podrás organizar un pic-nic con tus amigos en los jardines, abrir una buena botella de vino, queso camembert embarrado en una baguette (de hecho puede ser el queso de tu preferencia pero yo no puedo dejar de salivar con esta imagen) y disfrutar de una tarde soleada. Ahora que si viajas sólo, no te preocupes. En París es muy fácil hacer amigos. Diversos grupos que se organizan a través de internet, como Couchsurfing, Polyglot o cualquier otra app, preparan tardeadas para que puedas conocer otros viajeros. Incluso algunos bares tienen temáticas para reunir a las personas, juegos en los que tienes que hacer amigos para contestar una trivia y ganar cerveza.


Montmartre

Sin embargo, no todo París se reduce a la Torre Eiffel. También puedes visitar la basílica del Sagrado Corazón (Sacre Coeur), que se encentra en la parte más alta de la ciudad y que permite una vista panorámica impresionante. Esta iglesia se encuentra en un barrio llamado Montmartre. De hecho si has visto la película Amélie, seguro ya conoces varias de sus calles y tendrás varios sitios que quieres visitar. Esta película es la guía perfecta para pasear por Montmartre. Aquí podrás comprar todo tipo de recuerdos, probar unos deliciosos macarons o el postre de tu preferencia o una noche de copas en el Moulin Rouge. Por cierto que alrededor de tan famoso molino encontrarás tiendas sex-shop con las últimas novedades de la industria. Otro pretexto para visitar París con tu pareja.

Para llegar a la basílica debes bajarte en Anvers de la línea dos del metro y después tomar las escaleras o un funicular para quienes somos un poco flojos. Su arquitectura romano-biznatina presenta un domo central acompañado de otros pequeños todos de un blanco que produce un efecto de paz al iluminarse con el sol. Puedes subir al domo principal para tener una mejor vista de la ciudad pero tendrás que subir trescientos escalones.

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El Moulin Rouge. 

No importa si eres mujer u hombre, soltero, casado, viudo o divorciado, lo vas a disfrutar por igual y si vas con tu amor ¡no hay lugar para los celos! El show es de muy buen gusto, así que no te preocupes por los senos y traseros desnudos que verás brincar y moverse al ritmo de can can. El Moulin Rouge es toda una experiencia que no te debes perder. Desde que abrió sus puertas en 1889, ha atraído miles de visitantes y visto desfilar estrellas de la talla de Edith Piaf así como el legendario Yves Montand. Los trajes, el ambiente que nos remonta a las épocas del cabaret y burlesque, la atmósfera propia de una carpa de principios del siglo XX, pero sobre todo el show precedido por una maravillosa cena de tres tiempos, dejará hasta al más exigente de los visitantes con un buen sabor de boca. También puedes ir a disfrutar del show únicamente sin cenar. El boleto incluye los deliciosos macarons y una botella de champagne por pareja. Encontrar entradas puede resultar bastante complicado, por lo que recomiendo reservarlo en línea directamente en su sitio web www.moulinrouge.com.fr o con alguna agencia de viajes local. Una vez adentro sólo disfruta del hedonismo en su máxima expresión. Este es uno de los espectáculos más famosos del mundo, y que no te quede duda que dejará recuerdos para toda la vida. Respeta las reglas que son sencillas; la más importante es “no tomar fotos”. 

Disfrutarás de una velada súper agradable al calor del champagne, los cantantes, las bailarinas, los malabaristas, magos y hasta ¡una bailarina nadando dentro de un tanque con serpientes! Todo esto dentro de un edificio que es todo un ícono de la cultura francesa, de esa alegría, elegancia y mente abierta que caracteriza al pueblo francés. Esta combinación grita ¡Oh là là París!

Los boletos más económicos pueden adquirirse desde 77 euros, mientras que los más caros cuestan 420 euros. Los tours pueden resultar más convenientes, pues aparte del show, podrás disfrutar de un crucero por el Sena y admirar los hermosos edificios como la Catedral de Notre Dame o la Conserjería. La iluminación tenue de los monumentos en la obscuridad añade romanticismo a una noche especial y de repente, a lo lejos, verás a la Torre Eiffel explotar en miles de luces en punto de la hora. ¡Te lo advertimos! Es la ciudad más romántica del mundo.

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La catedral de Notre Dame

Este edificio gótico tan popularizado por la historia del jorobado de Notre Dame, está ubicado en el corazón de París. El rio Sena atraviesa una pequeña isla, conocida como La Cité, donde podrás visitar varios puntos de interés: El Puente Nuevo, La Capilla y La Catedral de Notre Dame. Podrás subir y tener la misma vista de las gárgolas que la custodian, ver de cerca la roseta, un vitral circular que permite el paso de la luz en tonos azules y púrpuras magnificando el misticismo del lugar. Por fuera verás tres grandes portales. Pon atención al portal de en medio que representa el portal del juicio final. En sus esculturas verás representada la resurrección de los muertos y un ángel con una balanza pesando las virtudes y los pecados. ¡A portarse bien!
  

El Arco del Triunfo 

En la Plaza Charles de Gaulle se erige majestuoso Arco del Triunfo. La bandera francesa ondea tranquilamente y oleadas de turistas se toman fotos a sus pies. Construido por Napoleón para celebrar la Victoria de la Batalla de Austerlitz, el arco ha sido testigo de la historia de París, así como de numerosos accidentes de tráfico pues la glorieta Charles de Gaulle es la más peligrosa del mundo. Es muy común ver a los turistas tratando de cruzar la calle provocando accidentes automovilísticos. ¡No intentes cruzar la calle! Hay pasos subterráneos que te permitirán llegar a los pies del suntuoso monumento sin dejar el alma en el intento.

Entre las característica más memorables del monumento están la tumba del soldado desconocido y sí, efectivamente ahí reposa el cuerpo de un soldado de la Primera Guerra Mundial y una flama que añade solemnidad a la escena. Es un fuego que no debe apagarse como el recuerdo de aquellos que han perdido la vida luchando por el pueblo francés. Sobre los muros están grabados los nombre de diversos revolucionarios y las batallas de Napoleón. Sin embargo, no se menciona una de sus más difíciles luchas internas, su pasión desmedida por su amada Josefina. 

En el sitio hay un museo. Se puede subir al mirador y tomar fotos de los Campos Elíseos y la Defensa. Abre a las 10 a.m. y cierra alrededor de las 10.30 p.m., el precio es de 12 euros. No te preocupes, puedes tomar varias fotos y caminar debajo del glorioso arco sin pagar. Para llegar, toma la linea del metro 1, 2 y 6. La estación es Charles de Gaulle Etoile.

En fin, en otra reseña traeremos con más detalle estos y otros puntos para visitar en París. ¡Hay tanto de qué hablar! Mientras tanto sueña con ese viaje, visualízalo y ve pensando a quién te quieres llevar.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Introducción a Rusia

Por: Dante R.

 
Comencé escribiendo esta entrada como una mini guía para visitar Moscú pero al avanzar me di cuenta de la enorme cantidad de experiencias y recomendaciones que tengo para ustedes. Así que avanzaremos poco a poco. Iniciaremos con una breve introducción de Rusia, qué esperar como turista y cuales son las diferencias culturales que podrías enfrentar para aminorar el choque cultural.


Aún recuerdo mi primera experiencia en Moscú; fue en el aeropuerto, a cinco minutos de haber llegado. Mientras esperaba mi equipaje, sentí que algo me molestaba, algo no estaba bien. ¡Era el calor! (what?). Sí, en Moscú hay verano y el calor puede ser muy intenso porque entre más cerca está una ciudad del Polo Norte, más horas de sol recibe. No sólo hablamos de una hora más en Horario de Verano. El día más largo del año, en junio, la luz del sol dura diecisiete horas y media; algo así como de 3 de la mañana a 9 de la noche. Tampoco crean que el cielo oscurece completamente mientras pasa la noche, es de un azul muy oscuro pero no es negro. (...y luego hablamos de San Petersburgo).


Cuando comprendí lo que sucedía, me quité la sudadera, desesperado por no ver mi maleta sobre la banda. Después de 17 horas de vuelo, lo único que quería era recoger mi maleta, encontrarme en el tiempo e ir al hotel. Pero la vida del viajero nunca es fácil y siempre hay sorpresas que la vida te prepara. Mi segunda gran experiencia, 15 minutos después de la primera: mi maleta nunca apareció. Tranquilo, pensé, basta con ir al служба розыска багажа y decirles en perfecto ruso lo que había pasado. Pues sí, esos mismos ojos puse yo al tratar de leer todos los letreros para informarme sobre qué hacer; y eso que se supone que yo iba con un nivel de ruso básico para sobrevivir.


Y claro, el primer estereotipo se hizo realidad. Me trataron cual indigente (o eso pensé yo en ese entonces, ya hablaremos de esto después). La chica que me atendió, agobiada por mi pobre ruso, tratando de hacerse entender en inglés; vaya, tratando es mucho decir, lo pronunciaba como le venía en gana sin siquiera pensar en si yo entendía o no, jamás mostró ni un solo gesto de empatía. Ganas me daban de disculparme por mi falta de atención a la banda y haber dejado ir mi maleta que nunca apareció. Llené un formulario, dejé el teléfono del hotel y la dirección, y me fui a la aventura total. Un verdadero mochilazo. La maleta llegó toda rota, dos días después. Sé que hay un seguro pero tramitar algún papel es lo menos que querrás hacer en Rusia.


arquitectura rusa


¿Qué tan diferente es Rusia de un país latino? Bueno además del idioma, hay ciertas costumbres que te sorprenderán de inmediato, por ejemplo, la falta de agua fresca para beber. Nadie toma agua, ¡Nadie! Las personas te ofrecen un té cuando las visitas, un té para refrescarte del calor (sí, caliente), para los días fríos o lluviosos, para conversar, a la hora del té, de desayuno, para comer, cenar. Irritante al principio pero acabarás por acostumbrarte a tomar el té, incluso a tu regreso. Si quieres comprar agua embotellada, por lo regular hay gasificada y su versión ultragasificada, que te burbujea todos los intestinos. Como también encuentras puestos callejeros de comida, un día probé un hot dog pa-frantzuski (a la francesa), que básicamente es una salchicha en medio trozo de baguette con una mostaza de potente sabor. Supongo que es a la francesa por aquello del tipo de pan. Jamás he visto tal cosa en Francia pero bueno, sin juzgar, tampoco hay Enchiladas Suizas en Suiza.


Como ya lo hablamos antes, también la poca disponibilidad de la gente para ayudar. Rusia fue un país que estuvo aislado durante mucho tiempo y se nota en la falta de amabilidad con los extranjeros. Muy pocas personas hablan otro idioma (aunque esta situación ya está cambiando como pude notarlo años después en Sochi). Tampoco hay muchos servicios turísticos, nada de que el cliente tiene la razón, ni de atender con una sonrisa. Es lo que es, hay lo que hay. Si no lo ve, no pregunte. El idioma ruso reduce sus formas de cortesía, en comparación con el español. Es un idioma más directo y sumamente honesto. Si no quieres algo, simplemente dices no. Si no quieres ayudar a alguien en la calle para ubicarse, dices no. Nada de “disculpe, llevo prisa, no tengo tiempo, no soy de por aquí”, nada, NO.


No quiero que me malinterpreten. Los rusos son personas sumamente agradables y muy hospitalarios; pero como latinos debemos de entender las diferencias culturales en cuanto a el sentido de cercanía, el trato a desconocidos, la visión del mundo. Todo esto es muy notorio cuando aprendes ruso. Al entrar a la tienda uno simplemente dice“muéstreme eso”, en lugar de “me podría hacer el favor de mostrarme ese de ahí?”. Por eso es muy importante que aprendas dos palabras esenciales para aminorar este efecto un tanto brusco: por favor / aquí tiene - пожалуйста (pazhálosta) y gracias спасибо (spasiba) que deberán acompañar casi todas tus frases.


A los rusos también les gusta ofrecerte comida y bebida cuando visitas sus casas. Pase lo que pase, no intentes echar competencias de bebida con un ruso, no con Vodka, al menos. Normalmente ellos toman vodka solo acompañado de un pepinillo, esto es lo más tradicional. Es como tomar tequila con un limón (suerte encontrando limones en Rusia). Cuando viajes te recomiendo llevar también una botellas de Tequila porque además de que allá es muy caro, te pueden servir como regalos o intercambio de favores.

En las próximas entregas hablaremos de a dónde ir y qué hacer en Moscú. ¡Hasta la próxima! 

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