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jueves, 11 de mayo de 2017

Phillip Island Australia: Entre pingüinos, turistas maleducados, avaricia y belleza natural

A un par de horas de Melbourne Australia, hacia la Península de Mornington, encontramos, unida por un moderno puente a la tierra, una isla que se ha vuelto famosa por todo lo que tiene para ofrecer.


Relájate observando las olas en The Nobbies

Phillip Island.

Phillip Island es el hogar de fin de semana de los Melbournianos adinerados, es hogar también de los guapos hermanos Hemsworth, del Grand Prix de motocicletas y sobretodo de una peculiar fauna que abunda en el lugar. Aquí encontraremos entre otras cosas:  un centro de conservación de koalas y un desfile de pingüinos. Sí, leíste bien. ¡Un desfile de pingüinos! El más famoso del hemisferio sur. Este post tiene puntos de vista encontrados, de antemano les ofrezco disculpas si en algún momento les parezco racista, no es mi intención atacar a nadie en particular, pero desafortunadamente tengo que contarlo tal y como es. En Viajes y Postales te contamos todo para que formes tu propia opinión.



Puente que conecta a Phillip Island con Australia

Cómo llegar:

Desde Melbourne lo más recomendable es llegar en auto siguiendo la autopista M1 con dirección a Warragul y seguir los señalamientos hacia Phillip Island, que créanme, hay bastantes ¡no te vas a perder! En transporte público se puede llegar partiendo desde la estación Southern Cross hacia Koo We Rup, donde abordaremos un autobús regional para seguir con nuestra travesía hacia Cowes, el suburbio más céntrico de la isla. Si te sientes con ánimos de aventurarte, puedes tomar el tren suburbano desde la estación Southern Cross hasta Frankston y de ahí tomar otro tren regional hacia Stony Point. De Stony Point sale un ferry directo hacia Cowes. Ahora que, si la plata no es ningún problema para ti, puedes llegar en helicóptero. Hay compañías que organizan vuelos saliendo del aeropuerto de Essendon en Melbourne.

Alojamiento:

Existe una gran variedad en alojamiento, desde parques para acampar, hasta hoteles spa lujosos pasando por Airbnb y Bed and Breakfast en cottages históricos perfectamente bien ubicados y decorados.

La primera vez que visité Phillip Island fue hace 8 años. Llegamos a un Bed and Breakfast (posadas generalmente en casas privadas que brindan alojamiento y desayuno). Fuimos a los parques a admirar la fauna, a la playa y en general la pasamos muy tranquilos. Esta vez, regresamos con dos niñas, nos alojamos en un hotel llamado Phillip Island Apartments que recomiendo ampliamente. Por favor, no se pierdan el restaurante italiano Pino's. Cuando entras a un restaurante italiano atendido por italianos, con italianos comiendo en el lugar sólo significa una cosa: ¡la comida es buenísima!


Parques naturales y el desfile de pingüinos:

Como ya les había mencionado, la primera vez que vine, fue hace 8 años. Los sitios cambian con el tiempo y Phillip Island no es la excepción. Los parques de conservación y de observación están tomando un giro que sinceramente no me gusta. Voy a comenzar con el parque de conservación de los koalas.

La primera vez que vine, los koalas se encontraban en plena libertad. Subían y bajaban de sus árboles a placer, andaban por los barandales, se dejaban fotografiar por los turistas y existía una convivencia pacífica y respetuosa. Lamentablemente esto cambió pues ahora los koalas tienen barricadas que les impide acercarse a los turistas o viceversa. Y sólo de ver a una familia con la que desafortunadamente me tocó compartir tiempo y espacio no es difícil saber el por qué.

Qué no hacer en el centro de conservación

El centro de conservación de los koalas es hogar de varios ejemplares de la fauna australiana, no se limita únicamente a los koalas, también verás wallabies, son canguritos en miniatura,  canguros estándar, echidnas (animalitos  muy similares a los puercoespines) y Kookaburras (los pájaros violentos que roban salchichas, ¿recuerdan cuando acampamos en Wilson´s Prom? ). A pesar de que ahora los koalas están aislados se pueden observar perfectamente. Duermen casi todo el día por lo que verlos moviéndose es todo un espectáculo.  Hay que seguir algunas reglas como no gritarles, no mover los árboles y no tocarlos porque te pueden dar una rasguñada o un mordisco que te vas a arrepentir de jugarle a Don Picudo y  de habérteles acercado.  El lugar es muy bonito, a lo lejos se ven aves, canguros, un lago, y hay mesas para picnic, bancas para sentarte, una cafetería y un centro de información.





Protecciones para que los koalas ya no bajen


Foto tomada en 2009,  antes de las barricadas :(


El desfile de pingüinos

Los pingüinos del hada o pingüinos azules son los más pequeños que existen. Habitan en Nueva Zelanda y el sur de Australia. En Phillip Island está el santuario más famoso. Los pingüinos vuelven a casa después de algunos días en altamar cazando. Salen en grupos del océano, titubean un poco cuando ven a las gaviotas acercarse a ellos, vuelven a las aguas, juegan en la espuma y se retiran a sus madrigueras donde sus crías los esperan. 


Los pingüinos azules o pingüinos del hada

Les recomiendo comprar sus boletos por adelantado en internet, pueden escoger dos, tres, cuatro atracciones, les dicen el bundle y así conseguir buen precio.  En el bundle que compramos venía incluído el acceso al desfile de pingüinos y el santuario de los koalas. Hay que llegar al anochecer, eso depende de la estación obviamente, en verano más tarde que en invierno. Encontraremos dos tipos de entrada, la general y Penguins plus. Con la general es más que suficiente pues de todas maneras está estrictamente prohibido tomar fotos te sientes donde te sientes. Llegamos al área de la playa, caminamos un poco y vimos las gradas. Te recomiendo que entres inmediatamente, cenes antes o después porque se atasca.
Gradas para ver a los pingüinos

Lo feo: 

No quiero ni es mi intención alimentar algún prejuicio hacia los turistas asiáticos, en particular los chinos, pero fue muy difícil ver su interacción con los animales, su falta de respeto por el medio ambiente y su falta de empatía para con los seres vivos, incluyendo otros turistas. Es decepcionante decir que de un montón de turistas de todas las nacionalidades que se les ocurran, los únicos que causaban problemas al no acatar las reglas eran los antes mencionados a pesar de que las repiten en mandarín y cantonés para que no salgan con que "no entendí".

La primera vez que vine, había muy poca gente comparada con esta vez. Al llegar vi con un poco de tristeza autobuses y minibuses llenos de turistas que incivilizadamente se colaban en las filas, ya fueran filas para comprar un café o para entrar. 

Llegamos a las gradas, nos sentamos y esperamos. Comienza a obscurecer, se hacen honores a los aborígenes, dueños de la tierra australiana y dicen las reglas en inglés y en chino (no te preguntes el por qué). En cualquier momento, los pingüinos saldrán del mar. 

Tamaño real de los pingüinos

Se pide que por favor guardemos silencio y no se tomen fotos porque esto puede asustar a los pingüinos y alterar su rutina. Bueno, pues parece que les dicen ¡ovacionen de pie a los pingüinos cuando los vean! Es fácil darte cuenta cuando sale el primer grupo, a pesar de la obscuridad y de su tamaño pequeño, sientes como si China acabara de anotar gol en el Maracaná.  Los turistas se paran, gritan, flashazos por aquí y por allá. Los pobres jóvenes que trabajan para salvaguardar el orden corren de un lado a otro sentando gente, pidiéndoles que guarden sus cámaras y que se callen. Es muy difícil apreciar el espectáculo que la naturaleza nos está dando cuando tienes unas nalgas enfrente de ti (y para rematarla, planas) que no acatan las reglas y se ponen de pie cada 3 minutos. Comprendo que están emocionados, pero ¡caramba! Todos tenemos derecho a disfrutar. Lo peor es que como el fulano de adelante se para, el que sigue se para también y como sutano tomó una foto, yo también. No lo hagan ¡Respeten las reglas que por algo están!

Después de ver tres o cuatro grupos de pingüinos emerger del agua, decidimos irnos porque ya estaba que en cualquier momento me paraba a cachetear a alguien, ya saben que los latinos somos de sangre caliente, estaba de muy mal humor. Al salir también se pueden apreciar los pingüinos más de cerca porque sus madrigueras están atrás de las gradas. Los baños no están lejos de las gradas, lo menciono porque a una mamá de ese preciado grupo de turistas se le hizo fácil poner a su hijo a orinar ahí, en un arbustito. Eso, más la basura que dejan, aparte de que salen gritando y tomando fotos obviamente que hasta los pobres tipos encargados de la seguridad amenazan a los turistas con que los pingüinos muerden bien fuerte para que los dejen en paz; fueron motivos suficientes para arruinarme la visita. No disfruté del desfile de pingüinos esta vez. Quizá porque la primera vez que fui, había más pingüinos y menos gente… no lo sé…

Tienda de souvenirs

No quiero que se malinterprete mi entrada. Phillip Island es un lugar hermoso, ideal para observar fauna en su hábitat natural, es tranquilo, precioso pero el desfile de pingüinos es un claro ejemplo de cómo el turismo descontrolado puede arruinar un sitio. No está mal que los niños y adultos entren a ver a los pingüinos, está mal que las instrucciones no se sigan ya no al pie de la letra, que se ignoren en su totalidad. Que la avaricia de meter más y más gente resulte en una marabunta incontrolable y que las personas que acudimos con la genuina intención de estar en contacto con la naturaleza, no disfrutemos porque los demás compiten por tener las mejores selfies a costa de los demás y de los animales. Ojalá pronto encuentren un equilibrio. Mientras eso ocurre, seguiré yendo a Phillip Island a disfrutar porque es un volado, bien puede cambiar para bien, como empeorar. 

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Por Fabiola Hoffmann


miércoles, 1 de marzo de 2017

Acampar... ¿yo?

Hace 10 años acampé por primera vez. La idea no me agradaba del todo. No hay baño, regadera, cama cómoda, calefacción o aire acondicionado; la comida enlatada, sopas instantáneas, ¡guau! ¡Suena a unas vacaciones soñadas! Pues no... Al menos eso era lo que yo me imaginaba y que está muy distante a ser lo que en verdad es. Los australianos se las han ingeniado para hacer del campismo una actividad placentera. Los campamentos tienes regaderas, baños, lavandería, mini super y un montón de cosas que simplemente te perderías en un hotel como ver las estrellas en la noche mientras escuchas a las olas golpear la playa, a la fauna nocturna hacer de las suyas, y sobre todo no tienes que pagar un “upgrade” por tener vista al mar y lo olvidaba... ¡tampoco hay hora de check out!  La libertad que se vive al acampar es única, ese contacto con la naturaleza, esos paisajes infinitos están ahí para recordarnos que no somos más que un grano de arena en una playa inmensa, que hay tantos seres vivos que comparten el mismo espacio con nosotros, que no somos nada, aunque suene a cliché. 

Nuestra tienda de acampar

Después de pasar por un trago amargo en mi trabajo el viernes pasado, decidimos tomar unas vacaciones improvisadas. Nos fuimos a acampar a Wilsons Promontory National Park, ubicado a 3 horas y media de Melbourne. El clima estaba inmejorable, ya estamos despidiendo al verano en estas latitudes así que esta situación cayó como una bendición para aprovechar los últimos rayos de sol de la temporada, y ¡vaya que los aprovechamos! Regresamos un poco quemados, más que quemados diría que regresamos besados por el sol austral. 

Llegamos al “Prom” como le dicen los australianos y para mi sorpresa estaba llenísimo. Hace 10 años que no pisaba el parque. Me quedé con la impresión de un parque semi vacío como el que experimenté hace una década. Dimos varias vueltas hasta que encontramos un espacio. Es importante reservar con anticipación, no queremos que te quedes acampando en pleno bosque. Montamos nuestra casa de campaña como en 20 minutos, nos pusimos nuestros trajes de baño y nos dirigimos a la playa; Hudson's Bay es la playa más cercana a Tidal River, que es el lugar donde se encuentra ubicado el campamento. Para llegar simplemente tomamos un caminito junto a un arroyo hermoso de fondo café, aunque podría asegurar que es un agua casi potable por lo cristalina. La arena tiene una tonalidad obscura pero es muy suave, parece que estas caminando sobre talco. El agua es más caliente que en las otras playas del parque y las olas no son tan altas. Si tienes niños pequeños éste es el mejor lugar para que jueguen pues pueden bañarse en el arroyito que desemboca en el mar. Es todo un espectáculo natural. Después de pasar varias horas jugando, nos dio hambre y nos fuimos a comer. 

Hudson´s Bay
Tidal River
Hay quien lleva el camping aquí a otro nivel; se le conoce como el “glampling” glamorous camping (campamento glamuroso). Tienen celdas solares para sus refrigeradores, estufas de gas, camionetas camper que pasan los 30 mil dólares; para muchos el camping es una cultura. Pero si tienes un presupuesto limitado para esta actividad, no te preocupes, la vieja hielera funciona de maravilla y en los parques hay parrillas que se pueden usar sin costo extra, así que ahí cocinamos casi todos nuestros alimentos. Al llegar, me topé con un olor muy conocido, ¡los chicos que estaban usando la parrilla antes que nosotros eran mexicanos! Y estaban cocinando un alambre (carne de res ensartada en palillos, acompañada de chile, cebolla, etc.) que olía a pura gloria. Es raro encontrarse paisanos por aquí y aún más raro paisanos acampando. Nos saludamos con gusto. 

Glamping
Wilsons Prom tiene varias playas y muchas rutas para caminar. Es recomendable tomarse varios días para explorarlo ya que algunas de las rutas son de hasta 15 kilómetros. Nosotros decidimos tomar una de 2.5 kilómetros a Squeaky Beach. En el camino, dos kookaburras, pájaros nativos, nos dieron un concierto que no pudimos ni grabar por tener nuestros teléfonos cargando en el centro de visitantes (una ligera inconveniencia, la falta de electricidad). Decidimos esperar mejor a que los celulares se cargaran y regresar más tarde con nuestros celulares para no perdernos momentos así, que aunque lo disfrutamos muchísimo, lo podríamos haber grabado. Las kookaburras tienen un graznido muy característico, es como una risa. Tuve un encuentro más con una kookaburra pero no tan agradabale. Fue en las parrillas, ensarté una salchicha en un tenedor y la sostuve cerca de mí, esperando a que se enfriara. De pronto, el animal voló sobre mí y me la arrebató. No ví ni sentí nada mas que el alazo en la cara y el golpe en la mano. ¡Fue en cuestión de segundos! Ni siquiera vi a la kookaburra mientras esperaba sigiliosamente en un árbol el momento oportuno de atacar. Le alcancé a tomar una foto mientras esperaba otro descuido de nuestra parte.

La kookaburra ratera



Regresando a nuestra ruta, después de recoger nuestros teléfonos llegamos a Squeaky Beach. Se llama Squeaky Beach porque al caminar sobre la arena, ésta rechina. Squeaky Beach es una playa de arena blanca formada por cuarzo. La playa es bellísima y está casi desierta, las únicas desventajas de esta playa son que las olas son altísimas, ideales para surfistas que dan un show gratuito y que el agua está helada. Algo que se me quedó muy grabado de la primera vez que fui hace 10 años, fue que al meter la pata al agua, sentí como se me acalambró. ¡Me pasó igual esta vez! Hermosa playa para la foto, para escuchar cómo rechina, para surfear, pero para nadar...no sé, si te gustan los baños con hielos ¡adelante! Además dicen que rejuvenecen la piel. Será el sereno pero no, gracias.






En éste video se puede escuchar claramente como rechina la arena.

 


En la noche, como no hay electricidad, no hay luz, ni tele, ni nada, los teléfonos están descargados y la recepción de internet es bastante mediocre, hay que a dormirse como las gallinas apenas se va el sol. ¡Uy qué divertido es el camping!... ¡No! Es hora de sacar las lámparas y salir a explorar. Nunca sabes que vas a encontrar. Si te gusta ver las estrellas, las constelaciones se aprecian clarísimas, incluyendo la Cruz Del Sur, ícono del pueblo australiano. Incluso algunos personajes folclóricos gustan de tatuársela en sus cuerpos, como cuando alguien se tatúa el escudo nacional.

Se ven los grupos de exploradores recorriendo el lugar y todos tienen algo en mente, encontrar a un wombat. Los wombats son animalitos australianos que parecen ositos en miniatura, son marsupiales y peludos, son animalitos muy tiernos pero tienen unas garrotas tipo Niurka Marcos de horror. Merodean el sitio toda la noche, incluso se recomienda no dejar comida adentro de las tiendas porque pueden rasgarlas y entrar. Salimos pues en una expedición especial a buscar un wombat. La más pequeña del grupo se asustó con la obscuridad así que regresó a la tienda con su papá. Mi otra exploradora y yo continuamos la misión. Encontramos un wombat que bebía agua tranquilamente. No pareció inmutarse ante nuestra lámpara. Regresamos a la tienda y nos dormimos.



El viento estuvo terrible, varias veces desperté sobresaltada, sin embargo nuestra tienda de campaña Coleman resistió el viento sin inmutarse. Juraba que amanecería con una rasgadura pero no. Tristemente llegó el fin de nuestras vacaciones no sin antes echar un vistazo a Whiskey Bay. 

Acampar es libertad. Te olvidas del tiempo, del celular, del mundo...es una actividad ideal si buscas relajarte, reencontrarte contigo mismo y no hay nada mejor que un paisaje sin gente, el estar alejado de la civilización y el ritmo cotidiano te obliga a escuchar tus propios pensamientos y a reflexionar. Citaré a uno de mis autores favoritos, Charles Bukowski. “Yo no odio a la gente, simplemente me siento mejor cuando no están a mi alrededor.”

Whiskey Bay, sin filtros