domingo, 19 de febrero de 2017

No podrás creer todo lo que hay qué saber para poder tomar el metro en Tokio


¿Alguna vez escuchaste que Tokio está lleno de botones y luces? ¡Es cierto! En esta ciudad se han desarrollado en perfecta sincronía la modernidad y la tradición; desde templos de madera hasta rascacielos de cristal. Hay tantas cosas qué ver y hacer, que será mejor que planees varios días para recorrer esta ciudad. Eso sí, también es necesario saber a dónde quieres ir y medir las distancias porque el costo del transporte puede causar problemas a tu presupuesto.



El mejor medio para transportarse es el metro; aunque tardarás un poco en acostumbrarte. El primer día estuve parado casi 30 minutos viendo las hordas de gente pasar. Me quedé a la mitad de un pasillo viendo los colores de las líneas, las diferentes entradas a las plataformas, las 20 bifurcaciones del pasillo principal, todos esos signos japoneses. Gente iba, gente venía, y yo con mi maleta, a la mitad de todos, sin rumbo, sin esperanza (bueno, quizá ya exageré). Sucede que en Tokio hay tres sistemas de trenes: el Metro de Tokio, operado por dos compañías y el sistema de trenes suburbanos. Obviamente los boletos no son intercambiables, a menos de que compres una tarjeta recargable (una de ellas se llama Pasmo). A todo esto hay que sumarle que el cobro se hace por distancia: entre más lejos vayas pues más pagas. También tienes que fijarte en si te subes a un tren local o uno express porque pudiera ser que no se detenga en tu parada. ¿Crees que es todo? ¡No! también está el sentido de circulación. Yo recomiendo ampliamente no asomar la cabeza a ver si ya viene el tren porque podrías terminar decapitado por el tren que llegó por tu espalda. Es el mismo sentido que se utiliza en Reino Unido, Australia, India, Hong Kong, etc.

Es toda una aventura. Nunca sabes qué ruta tomará, por qué si vas hacia el sur se fue hacia el norte, cómo es que estabas en la plataforma derecha y el tren llegó por la izquierda, por qué si estás en la línea roja pasó el tren de la línea verde. El punto es que si sigues las instrucciones, llegarás. Es casi mágico; quizá en los túneles hay hoyos teletransportadores que se comunican cual agujero de gusano, quizá Godzilla juega con los trenes y los cambia de posición. Tal vez hayas subido al gatobús disfrazado de tren. Nada se sabe, ¡Bienvenido a Tokio!


Perdón que insista pero debes de saber que al principio sufres una fuerte desorientación; te norteas vaya, como decimos en México. En una ocasión, con unos amigos, tomamos un tren para ir de visita a un castillo. Digamos para efectos prácticos que nos fuimos hacia el norte y de regreso, ¿qué sería lo más lógico? Obvio, nos paramos en la plataforma sur, pero el guardia comenzó a decirnos que nos quitáramos de ahí porque el tren no pasaría. ¡Ja! Lo redacto como si de veras hubiera entendido. Eso me hizo creer mi cerebro, quizá solamente estaba conjurando alguna especie de maldición japonesa digna de película de terror nipona. En fin, llegó el tren del otro lado; el tren que NO queríamos abordar. Todos a través de las ventanillas nos veían extrañamente y además del guardia otras personas nos hicieron señas de que tomáramos el tren. -- Pero nosotros no vamos hacia allá-- le expliqué mientras movía mi mano señalando la otra dirección. Pero la presión social es fuerte e incluso el maquinista nos veía con desesperación, vio su reloj de bolsillo y suspiró --¡turistas!-- debió de haber pensado. Pues sí, qué pena admitirlo pero ese fue el triste día en que contribuimos a la mala imagen del turista, el día que retrasamos uno de los trenes de tan puntual sistema ferroviario de Japón. ¿Que si llegamos? ¡Claro que llegamos!, les digo que ya adentro alguna presencia espiritual se encarga de redireccionar los trenes.

Por cierto que el primer día, mientras tratábamos de entender cómo funcionaba la red, nos encontramos con unos trabajadores del metro, muy amables y chistosos, que nos dieron una hoja y una pluma para llenar una encuesta sobre nuestra experiencia en el metro de Tokio; y es que como se están preparando para la llegada de los turistas a los juegos olímpicos, las autoridades comienzan a prepararse y prever cualquier eventualidad. Nos acercamos a ellos en un intento desesperado de pedir ayuda, nuestra mirada gritaba “no sé qué hago aquí, ayúdame por favor” pero segundos antes del intercambio de palabras, ellos nos bombardearon con una serie de preguntas en un inglés fusionado con la pronunciación nipona que finalizó en señas y reverencias cada que escribíamos algo en el papel. Las preguntas incluían comparaciones entre el sistema de transporte de tu país contra el de Tokio y pues ya entrados en materia, nos dedicamos a contestar como los eruditos que éramos con toda la esperanza de poder quedarnos con la pluma y así conquistar nuestro primer recuerdo de la tierra del sol naciente.

Entenderle a la máquina expendedora de billetes te puede costar varios minutos pero no te preocupes, los japoneses son muy pacientes; y si no lo son por lo menos ni te enterarás de que en su cabeza te están enterrando en el mismo pozo de donde salió la niña del aro porque su expresión permanece inmóvil. En algunas es muy visible el botón que dice inglés, a otras hay que rascarles un poco. Si te pasas de estación y decides salirte o tu ruta cambia a la mitad, no podrás salir de la estación por aquello de que, ya quedamos, el costo depende de la distancia. En todo caso, dentro de todas las estaciones hay una máquina llamada “ajuste de tarifa” donde te formas con toda la honestidad de tu ser a decirle a la máquina que has viajado unos metros de más y que mereces el castigo divino y la reevaluación del costo de tu billete. Una vez validado tu billete podrás salir sin ningún problema pero yo sugiero, para evitarte el problema de hacer fila en la máquina del juicio metropolitano, llevar siempre tu tarjeta con saldo a favor y permitir que el sistema calcule automáticamente el costo.




Una amiga, de cuyo nombre no quiero acordarme y a quién tampoco quiero quemar socialmente, ya ven que la quema virtual de brujas es muy común hoy en día, metió su tarjeta en el traga-billetes, en lugar de pasarla por el lector de tarjeta. Obviamente la máquina se descompuso y causó gran revuelo entre los usuarios, quienes empezaron a quejarse de que un torniquete no servía, causando el retraso de su viaje (En Japón todo gira en torno al tiempo o el retraso de los eventos). Olvida la descompostura, el horror de saber que tenía que volver a la máquina expendedora de tarjetas para volver a comprar otra, después de haber pasado varios minutos intentando descifrar el códice chino-japonés de Confucio para hacerse de una.

¡Hay tantas cosas qué contar! Y sólo estamos hablando de los trenes eh. Dato cultural, en japón también hay un vagón exclusivo para mujeres. Lo supe por dos cosas: 1) las huellitas de los pies dibujadas en el piso, que marcan el lugar donde debes de pararte para evitar estorbar la salida de los pasajeros, son de color rosa, y 2) Una día ya un poco tarde, subí a un vagón que tenía muchos asientos disponibles cuando, sin haber acabado de sentarme, uno de lo guardias se acercó a mí y me corrió cual perro callejero haciendo señas con las manos; podría jurar que a ritmo de úshcale o sáquese o como quiera que digan en su pueblo. Obviamente mi cerebro occidental no entendió lo que estaba pasando y simplemente me recorrí unos asientos más. Pensé que me había sentado en un lugar reservado para personas de la tercera edad y que aunque el vagón estaba vacío, seguramente la regla mil ochomil del reglamento de transportes de la carta del buen ciudadano japonés, en sus versículos del 3 al 8 dice: “ninguna persona debe de ocupar el asiento reservado aún siendo el único pasajero en todo el tren”. ¡Pero no! Aún cuando me recorrí, el guardia me escoltó tres vagones más hacia el final del tren mientras ponía su cara de “hueles feo”, acompañada de los brazos cruzados aproximadamente a la altura de la cara; aparentemente la seña nacional para decir que no.

Y hablando de señas, fíjate bien cuando llega el tren y cuando se va. Verás las reverencias de los guardias que esperan la llegada del tren y en la última parte de éste, hay un guardia que se asoma y hace un saludo tipo militar hasta que el tren abandona la plataforma.


Una publicación compartida de Dante Rojas (@darlexrolop) el

En fin, en otra ocasión les contaré sobre los lugares que pueden visitar una vez que hayan dominado el metro de esta gran ciudad. Aquí les dejo el mapa del metro de Tokio; en la página podrán descargar una versión .pdf en español. Si tu plan es conocer otras ciudades además de Tokio, te conviene comprar un pase de tren, conocido como Japan Rail Pass (JPR). Con este pase podrás moverte entre ciudades e incluso dentro de Tokio, pero recuerda combinarlo con el metro porque el JPR solo tiene estaciones en los lugares más concurridos y quizá tengas que caminar mucho desde o hacia tu hotel.


¡Hasta la próxima!


Dante R.

jueves, 16 de febrero de 2017

Guns and Roses en Melbourne

Por Fabiola H.
Era alrededor de 1992 el año  en el que gracias a mi hermana Marbella, que cursaba la preparatoria, escuchábamos a Guns and Roses diariamente. No había escapatoria en el ala del departamento donde mis dos hermanas y yo teníamos nuestras habitaciones.  Mi otra hermana, Orquídea, que en ese momento estudiaba una ingeniería en la Universidad, se enojaba pues los estridentes solos de Slash desviaban su atención mientras estudiaba microbiología. La recámara de Marbella estaba cubierta de pósters, recortes de periódicos y demás afiches. Era un museo de Guns and Roses que fascinaba y encolerizaba a mi padres  al mismo  tiempo.   Mientras los días transcurrían, pasábamos las tardes frente a la televisión con la  videocasetera lista esperando que November Rain hiciera su aparición para correr y presionar REC.

Yo tendría unos 11 años a lo mucho, me deslumbraba  la rebeldía de aquellos músicos que con sus cabellos largos, aretes y tatuajes, retaban a los más conservadores y ponían a mi papá con los pelos de punta. En ese momento tenía vagas nociones del inglés, no entendía ni una palabra de lo que decían, además, las letras eran demasiado adultas para comprenderlas, sin embargo, sus melodías eran tan pegajosas y los videos tan cursis que embelesaban a cualquier joven puberta y  que decir de los shorts ajustados, el cabello perfectamente alaciado de Axl,  su baile de la “serpentine”, la interrogante ¿Cómo es el rostro de Slash? así como el cabello oxigenado de Duff McKagan; siempre rodeados de super modelos,  esas chicas con cigarillos de piernas largas y tremendos implantes que no podían faltar a lado suyo.  Al crecer en una familia ultra conservadora, la idea de pertenecer a ese grupo de  trangresores resultaba bastante seductora.

Con tantos cambios en la vida adolescente, la impresión de que las cosas pequeñas de la vida siempre seguirán ahi, que la vida no cambia, nunca nos dimos cuenta que Guns and Roses de pronto dejaría de existir después del tremendo fracaso de The Spaghetti  Incident. Fue una gran desilusión pues sólo tenía una canción digerible para las niñas fresas como nosotras que con sabernos Since I don´t have you, nos sentíamos  redimidas como fans.

La escena del rock mermaba poco a poco dejando su lugar en MTV al grunge, las boy bands, las girl bands y todo lo que siguió. A los rockeros no les quedó más que reinventarse como los Chilli Peppers, retirarse dignamente, resignarse a pertenecer a los clásicos o caer en lo patético. Guns and Roses optó por desaparecer después de varios problemas internos debido a las drogas, mujeres, alcoholismo, actitudes o simplemente hartazgo.

Algunos años después, Axl reapareció, pero una reunión parecía imposible. Él  mismo respondió al ser cuestionado sobre un posible reencuentro con  Slash: “No en esta vida” (Not in this lifetime).


Y volvieron a pasar los años, me casé, tuve hijas, me fui a vivir a Melbourne, Australia, comencé a arrugarme, a tener canas,  mi papá aprendió a  ignorar a los greñudos que tanto odiaba,  mi hermana  se hizo toda una ejecutiva, Axl también cambió bastante fisicamente pero la música de Guns and Roses siempre siguió tan presente como cuando  grabábamos los videos y los especiales como Unplugged. Sus canciones ilustran perfectamente varios episodios de mi vida y así, sin pensarlo ni quererlo, se han convertido en parte de mí. Si mi vida tuviera un soundtrack, Guns and Roses tendría los mayores créditos.

 Hace un par de años vino Axl  a Melbourne con “su” Guns and Roses y fuí con mi esposo. Axl se veía completamente fuera de forma, desconectado y la audiencia era muy pequeña. Yo como buena fan, me sentí muy contenta de estar ahi. Grité, canté y  jamás me imagine que en unos años pasaría lo inimaginable

Los rumores sobre una posible reunión que coincidía con el divorcio de Slash aumentaron. Varias dudas comenzaron a despejarse y la villana se volvió Perla Hudson, la ex esposa de Slash, para mí, fue la causante de una de nuestras mayores alegrías, si no hubiera desbaratado a la banda, jamás habria ocurrido este encuentro mágico, probablemente Guns sería una banda patética como Poison ahora, que toca en rodeos y hace realities para permanecer vigente.







Después de mucha especulación, Axl, Slash y Duff anunciaron al mismo tiempo que Guns and Roses estaría en Coachella. Lloré, grité, brinqué y esperé el día pero había un dejo de desilusión. ¿POR QUÉ COACHELLA? Un festival de hipsters que no tendrían la más mínima idea de las leyendas que estarían viendo y que efecivamente al llegar el día,  no supieron como reaccionar con Whole Lotta Rosie, ignoraron el famoso grito de Angus! después del riff cuando el guitarrista de ACDC subió para deleitarlos sin merecerlo.

Pero estamos hablando de Guns, una banda completamente extraordinaria, su regreso a los escenarios no iba a ser tan vulgar como un festival de música para adolescentes. Guns decidió reunirse por primera vez en el lugar que los vió nacer, con una audiencia pequeñísima de verdaderos fans en un bar de mala muerte llamado The Trovadeaur. Hubo mucho hermetismo, todos estábamos al pendiente de alguna imagen o video grabado clandestinamente, sólo nos enteramos  que tocaron bien y que Axl se fracturó un dedo del pie, lo que lo llevó a presentarse con el pie enyesado sentado en el trono de Dave Grohl en todos los conciertos que siguieron.

Pasaron varios meses sin saber si vendrían a Down Under. Se presentaron en mi México, vi con celos a todos mis amigos disfrutando del concierto a través de sus posts en las redes sociales.  Unos meses después, llegó el día en que   tuve en mis manos los boletos para verlos en Melbourne Cricket Ground. Era un sueño y más sueño que al pagar los boletos recibimos un upgrade automático  a la siguiente sección del estadio. Estaríamos relativamente cerca, pero yo, con el hecho de estar ahí, en su único show de Melbourne me daba por bien servida aunque me hubiera tocado  en las pajareras.
Llegó el 14 de febrero de 2017, me puse mi  playera de Guns and Roses y llegamos al MCG, vimos a Wolfmother primero; nos decepcionó bastante el sonido. Daba la impresión de estar escuchando a unos músicos de garage rockeando en un festival escolar. El MCG estaba medio vacío. Ignorábamos que se llenaría y que sería uno de los conciertos más concurridos en la historia del MCG. Cerca de las nueve de la noche, la voz de Mcbob, su roadie de hace 30 años,  gritó SYDNEY!! Seguido por un fuerte abucheo de la concurrencia y es que no hay peor insulto para un Melbourniano que compararlo con un Sydneysider, peor aún, confundir las ciudades.




It´s so Easy fue la primera canción, después no sé, me perdí y me reencontré llorando emocionada mientras tocaban Estranged. Era mi sueño musical, una de las cosas que tenía que hacer antes de morir, mi canción favorita y Axl, Slash y Duff en frente de mi, frente a un estadio lleno que coreaba todas sus canciones. Todos los presentes, de entre 30 y 50 años no dábamos crédito a lo que veíamos. Nuestras voces se unieron varias veces, la piel se enchinaba al  escuchar al MCG retumbar con Knocking on Heavens Door o Live and let die,  aplaudíamos al ver a Slash dando vueltas, a Axl haciendo sus pasos tan característicos y a Duff tocar punk. Angus se unió a la fiesta e hizo estallar al MCG, yo creo que nadie en el mundo podría haber apreciado ese momento como los australianos lo hicieron.  La noche llegó a su fin con una explosión increíble de fuegos artificiales mientras coreábamos al unísono Paradise City.




Salimos de ahi apresurados para tomar el último tren a los suburbios. Aún sin creer lo que habia pasado me dormí en el trayecto a casa. Hoy, veo los videos que torpemente grabé ayer  para cerciorarme que esto ocurrió y que estuve frente a ellos. Que al ritmo del heavy metal el tiempo se hizo  nada una una vez más, tres horas o 25 años, da igual. Hoy me doy cuenta que  la nostalgia es parte de la vida misma y del proceso de crecer, que daría cualquier cosa por estar  frente al televisor con mi hermana esperando algún video que grabar mientras mi papá nos grita exasperado:¡ Quiten esos pinches greñudos! en tanto que mi mamá en la cocina hace magia con los ingredientes para deleitarnos con sus platillos que eran parte del día a día y que ahora son sólo un recuerdo preciadísimo y al pensarlo, imagino que mi hermanito no ha crecido y sigue jugando a los playmobil mientras se chupa el dedo pulgar, que mi otra hermana limpia sus lentes para seguir estudiando,  que nuestra mayor preocupación es que el locutor hable antes de terminar la canción que estamos grabando en Radioactivo, que seguimos soñando como en esos años, que somos jóvenes y libres, que nuestra vida no se acaba lentamente...


domingo, 12 de febrero de 2017

París, La ciudad Luz

Por Fabiola H y Dante R. 

¿Qué te parecería celebrar el Día de San Valentín en la capital del amour, la Ciudad de la Luz? ¡Por supuesto que hablamos de París! Sería la cita perfecta. Comenzarías tu día con un rico desayuno de pan recién horneado y un buen café para después visitar el ícono más representativo, no sólo de París, sino de toda Francia: La Torre Eiffel. ¿Qué tal una tarde de paseo en bote a través del Río Sena mientras observas la arquitectura parisina? Y claro, una buena cena en uno de los barrios más populares, donde podrás probar el platillo internacional que más se te antoje en el Barrio Latino. Es imposible hablar de París sin conmoverse. Quien ha visitado la capital francesa, sabe que tiene un encanto difícil de igualar.

Charles de Gaulle es el nombre del aeropuerto internacional. De ahí sale un tren que va directamente a Gare du Nord, desde donde podrás comenzar tu aventura. El costo del boleto es de 10 euros y es la manera más económica de llegar a la ciudad y también la más interesante, pues te dará una visión bastante acertada de la sociedad francesa. Hospedarse cerca de una estación de metro es obligatorio; la red de metro parisina es bastante fácil de usar y estarás perfectamente conectado con todos los sitios de interés.

La Torre Eiffel

Para llegar a la Torre Eiffel hay que bajarse en la estación de metro Trocadéro y caminar un poco hacia los jardines. La torre no se ve desde que sales del metro, lo que aumenta la emoción de estar ya cerca. A medida que caminas entre las calles, observas la arquitectura del estilo Haussman entrelazado con el gótico y el barroco, miras los numerosos turistas que vienen de todas partes del mundo, escuchas sus idiomas y de repente, de entre los edificios surge aquella torre tan famosa que has visto en infinidad de postales. La vista es impresionante. No importa que tan preparado estés o cuánto te hayan contado. La primera impresión es majestuosa, la torre se levanta entre los árboles y edificios y pareciera crecer entre más te acercas. Los vellos se erizan y sientes la adrenalina correr por tus venas. ¡Estás en París!

Y es precisamente por estar tan cerca, que cuesta trabajo tomar una buena foto; así que aquí les va un consejo. Puedes tomar la línea 6 del metro; es una línea elevada que te permite ver desde un poco más lejos la totalidad de la torre y prepara tu cámara al acercarte a la estación Bir-hakeim.

¡Imagina estar con tu pareja ante todo este espectáculo! Pero si estás soltero/a no te desanimes, en París hay plan para todos. Si viajas en verano podrás organizar un pic-nic con tus amigos en los jardines, abrir una buena botella de vino, queso camembert embarrado en una baguette (de hecho puede ser el queso de tu preferencia pero yo no puedo dejar de salivar con esta imagen) y disfrutar de una tarde soleada. Ahora que si viajas sólo, no te preocupes. En París es muy fácil hacer amigos. Diversos grupos que se organizan a través de internet, como Couchsurfing, Polyglot o cualquier otra app, preparan tardeadas para que puedas conocer otros viajeros. Incluso algunos bares tienen temáticas para reunir a las personas, juegos en los que tienes que hacer amigos para contestar una trivia y ganar cerveza.


Montmartre

Sin embargo, no todo París se reduce a la Torre Eiffel. También puedes visitar la basílica del Sagrado Corazón (Sacre Coeur), que se encentra en la parte más alta de la ciudad y que permite una vista panorámica impresionante. Esta iglesia se encuentra en un barrio llamado Montmartre. De hecho si has visto la película Amélie, seguro ya conoces varias de sus calles y tendrás varios sitios que quieres visitar. Esta película es la guía perfecta para pasear por Montmartre. Aquí podrás comprar todo tipo de recuerdos, probar unos deliciosos macarons o el postre de tu preferencia o una noche de copas en el Moulin Rouge. Por cierto que alrededor de tan famoso molino encontrarás tiendas sex-shop con las últimas novedades de la industria. Otro pretexto para visitar París con tu pareja.

Para llegar a la basílica debes bajarte en Anvers de la línea dos del metro y después tomar las escaleras o un funicular para quienes somos un poco flojos. Su arquitectura romano-biznatina presenta un domo central acompañado de otros pequeños todos de un blanco que produce un efecto de paz al iluminarse con el sol. Puedes subir al domo principal para tener una mejor vista de la ciudad pero tendrás que subir trescientos escalones.

Una foto publicada por Dante Rojas (@darlexrolop) el

El Moulin Rouge. 

No importa si eres mujer u hombre, soltero, casado, viudo o divorciado, lo vas a disfrutar por igual y si vas con tu amor ¡no hay lugar para los celos! El show es de muy buen gusto, así que no te preocupes por los senos y traseros desnudos que verás brincar y moverse al ritmo de can can. El Moulin Rouge es toda una experiencia que no te debes perder. Desde que abrió sus puertas en 1889, ha atraído miles de visitantes y visto desfilar estrellas de la talla de Edith Piaf así como el legendario Yves Montand. Los trajes, el ambiente que nos remonta a las épocas del cabaret y burlesque, la atmósfera propia de una carpa de principios del siglo XX, pero sobre todo el show precedido por una maravillosa cena de tres tiempos, dejará hasta al más exigente de los visitantes con un buen sabor de boca. También puedes ir a disfrutar del show únicamente sin cenar. El boleto incluye los deliciosos macarons y una botella de champagne por pareja. Encontrar entradas puede resultar bastante complicado, por lo que recomiendo reservarlo en línea directamente en su sitio web www.moulinrouge.com.fr o con alguna agencia de viajes local. Una vez adentro sólo disfruta del hedonismo en su máxima expresión. Este es uno de los espectáculos más famosos del mundo, y que no te quede duda que dejará recuerdos para toda la vida. Respeta las reglas que son sencillas; la más importante es “no tomar fotos”. 

Disfrutarás de una velada súper agradable al calor del champagne, los cantantes, las bailarinas, los malabaristas, magos y hasta ¡una bailarina nadando dentro de un tanque con serpientes! Todo esto dentro de un edificio que es todo un ícono de la cultura francesa, de esa alegría, elegancia y mente abierta que caracteriza al pueblo francés. Esta combinación grita ¡Oh là là París!

Los boletos más económicos pueden adquirirse desde 77 euros, mientras que los más caros cuestan 420 euros. Los tours pueden resultar más convenientes, pues aparte del show, podrás disfrutar de un crucero por el Sena y admirar los hermosos edificios como la Catedral de Notre Dame o la Conserjería. La iluminación tenue de los monumentos en la obscuridad añade romanticismo a una noche especial y de repente, a lo lejos, verás a la Torre Eiffel explotar en miles de luces en punto de la hora. ¡Te lo advertimos! Es la ciudad más romántica del mundo.

Una foto publicada por Dante Rojas (@darlexrolop) el


La catedral de Notre Dame

Este edificio gótico tan popularizado por la historia del jorobado de Notre Dame, está ubicado en el corazón de París. El rio Sena atraviesa una pequeña isla, conocida como La Cité, donde podrás visitar varios puntos de interés: El Puente Nuevo, La Capilla y La Catedral de Notre Dame. Podrás subir y tener la misma vista de las gárgolas que la custodian, ver de cerca la roseta, un vitral circular que permite el paso de la luz en tonos azules y púrpuras magnificando el misticismo del lugar. Por fuera verás tres grandes portales. Pon atención al portal de en medio que representa el portal del juicio final. En sus esculturas verás representada la resurrección de los muertos y un ángel con una balanza pesando las virtudes y los pecados. ¡A portarse bien!
  

El Arco del Triunfo 

En la Plaza Charles de Gaulle se erige majestuoso Arco del Triunfo. La bandera francesa ondea tranquilamente y oleadas de turistas se toman fotos a sus pies. Construido por Napoleón para celebrar la Victoria de la Batalla de Austerlitz, el arco ha sido testigo de la historia de París, así como de numerosos accidentes de tráfico pues la glorieta Charles de Gaulle es la más peligrosa del mundo. Es muy común ver a los turistas tratando de cruzar la calle provocando accidentes automovilísticos. ¡No intentes cruzar la calle! Hay pasos subterráneos que te permitirán llegar a los pies del suntuoso monumento sin dejar el alma en el intento.

Entre las característica más memorables del monumento están la tumba del soldado desconocido y sí, efectivamente ahí reposa el cuerpo de un soldado de la Primera Guerra Mundial y una flama que añade solemnidad a la escena. Es un fuego que no debe apagarse como el recuerdo de aquellos que han perdido la vida luchando por el pueblo francés. Sobre los muros están grabados los nombre de diversos revolucionarios y las batallas de Napoleón. Sin embargo, no se menciona una de sus más difíciles luchas internas, su pasión desmedida por su amada Josefina. 

En el sitio hay un museo. Se puede subir al mirador y tomar fotos de los Campos Elíseos y la Defensa. Abre a las 10 a.m. y cierra alrededor de las 10.30 p.m., el precio es de 12 euros. No te preocupes, puedes tomar varias fotos y caminar debajo del glorioso arco sin pagar. Para llegar, toma la linea del metro 1, 2 y 6. La estación es Charles de Gaulle Etoile.

En fin, en otra reseña traeremos con más detalle estos y otros puntos para visitar en París. ¡Hay tanto de qué hablar! Mientras tanto sueña con ese viaje, visualízalo y ve pensando a quién te quieres llevar.

martes, 7 de febrero de 2017

Mi primera vez en Australia


La primera vez que vine a Australia fue en 2006. Estaba muy chava todavía y no tenía ni tiempo ni ganas de tramitar visas; sin embargo, es un requisito indispensable para entrar a Australia. La ruta aérea fue lo que me hizo recapacitar y darme cuenta de que lo mejor era contar con la visa estadounidense, pero realmente me importaba muy poco obtenerla y ya tenía suficiente con la australiana; además de que esas citas a las seis de la mañana se me hacía más engorroso que ir a reclamar algo a alguna oficina gubernamental.

Busqué varias opciones y conseguí un boleto baratísimo con Japan Airlines sin pisar suelo americano. La ruta era: México - Vancouver - Narita - Sídney - Melbourne.

https://www.jal.com/


Dado que Australia está literalmente al otro lado del mundo, existen varias maneras de llegar. La más económica y rápida es vía Los Ángeles saliendo desde la Ciudad de México; pero  si las visas y permisos te dificultan pasar por el vecino país del norte, hay vuelos desde Chile y Canadá. Si te aterra pasar más de 10 horas en un pájaro de hierro, puedes dividir el vuelo en dos. Si no tienes problemas en pasar por Estados Unidos, Air New Zealand hace una parada en Auckland y Fiji Airways en la paradisíaca isla del Pacifico sin alterar mucho el presupuesto. Si la plata no es problema, puedes pasar por Hawaii también.

www.airnewzealand.com

www.fijiairways.com

https://www.latam.com/es_cl/



Ya había viajado a Europa un par de veces por lo que no me asustaban los vuelos largos, asi que en septiembre abordé el avión de Japan Airlines, aerolínea que hasta ahora, es una de mis favoritas. La atención de las azafatas japonesas es impecable, la comida es un poco “diferente” pero el té que dan es el mejor que he tomado en toda mi vida.


Pasaron las primeras 5 horas sin novedad. En Vancouver nos sacaron a un área resguardada y abordamos otro avión. De ahí a Narita fue un vuelo de 12 horas bastante tranquilo. Llegué a Narita y tenía como 4 horas de escala en las que me dediqué a recorrer las tiendas, caminar de un lado a otro y aburrirme intensamente. El aeropuerto de Narita no es muy grande, no hay muchas cosas que ver y es bastante caro.

Llegó la hora de partir rumbo a Sídney y nueve horas después desembarcamos. Me pidieron recoger mis maletas y pasar migración y aduanas por ser el primer puerto de entrada al pais aunque mi destino final era Melbourne. Tenía los minutos contados, una hora antes de tomar el vuelo final.

Me había graduado de la carrera de traducción y pensé que no tendría problemas con el inglés pero mi primer shock fue escuchar el acento australiano en las bocinas del aeropuerto. Said what? No les entendí nada. Al llegar a migración marqué en el formato de aduanas que traía comida (un bote de chocolates con tequila). Por alguna razón, le parecí sospechosa a la oficial de aduanas que me detuvo, me revisó todas mis maletas, me cateó, me pidió cartas, boletos, etc. Tardó alrededor de media hora hurgando entre mis pocas pertencencias y me dejó ir. Cuando salí, con 5 minutos únicamente para llegar a abordar el siguiente avión, caí en pánico al enterarme que tenía que ir a la terminal de vuelos nacionales.


Qantas, la areolínea socia de Japan Airlines tiene un shuttle que va de terminal a terminal sin dramas, sin salir de la terminal, pero al no conocer y no entender el inglés aussie, me salí de la terminal. Me dejaron subir gratis a un autobús porque no traía cambio y llegué a la terminal de vuelos nacionales. Al bajar me percaté que había olvidado una de mis bolsas en el camión. Se me hizo fácil dejar mi equipaje botado en el check in de Qantas y corrí a alcanzar el camión. ¡ERROR! Cuando volví, 5 minutos después, mis maletas ya no estaban ahí. Una tipa groserísima empleada de Qantas me amenazó con que me iban a multar por haber dejado mis maletas desatendidas y me dijo que fuera al área de la Policia Federal por ellas y a pagar una multa. Obviamente mi avión ya se había ido para ese entonces, así que me solté a llorar de impotencia y de coraje con la urraca de Qantas por su trato tan déspota, por la de migración que me quitó todo ese tiempo y porque el avión se había ido ya.


Sin muchas esperanzas subí unas escaleras, llegué a un pasillo y entre sollozos le pregunté a un don de traje dónde estaba la policía. Se me quedó viendo con mucha ternura y me dijo: "Yo te voy a ayudar". Esas palabras me sonaron a cantos celestiales en ese momento. Hasta la fecha no sé quién sería, pero ese señor sacó mis maletas de la policía sin pagar un quinto, me llevó a Qantas, me metió en otro vuelo, y la urraca se desapareció cuando lo vio. Jamás me imaginé que esta experiencia resumía perfectamente lo que sería mi vida en Australia. Después de radicar aquí durante 8 años, he visto las dos caras de Down Under, una buena y una mala. Los australianos pueden ser extremadamente bondadosos, relajados, solidarios y no dudan en ayudar a quien se encuentra en problemas; sin embargo, la discriminación está presente en este lado del mundo. Me imagino que ocurre en todos lados, pero jamás me había topado con tan pésimo servicio, tanto despotismo y malas experiencias como aquí. Los australianos en su mayoría son personas muy agradables, honestas y simpáticas, pero algunos pueden ser extremadamente arrogantes, como en todos lados. A lo que me refiero es que no es un mundo color de rosa y probablemente te toparás con pared varias veces.


Después de una hora más en el avión llegué a Melbourne finalmente.

Para que no te agarren en curva, hay que tener en consideración algunos puntos:

Tramita la visa mínimo con 2 meses de anticipación. Te pedirán varios papeles y exámenes biométricos. Los papeles se mandan por correo electrónico y a veces tardan bastante en responder. Cuando un australiano te dice que te va a dar una respuesta en 6 meses, es el tiempo máximo, no te van a hacer esperar más sin notificarte, pero tampoco esperes que te contesten a los dos días.

Viajar desde EU siempre sera la opción mas cómoda, rápida y barata.

No cargues con salsas, cajeta, latas, etc, aquí ya casi encuentras de todo.

Trae tu vuelo de regreso impreso ya que no se permita usar celulares en migración y si dudan de ti, te van a pedir hasta la cartilla de vacunación. Es importante también traer la invitación impresa para mostrarla en caso de que se pongan pesados, así como el número de teléfono de quien te invita. Si no tienes ningún contacto, con sólo presentar el itinerario de tu viaje, puede ser más que suficiente.
¡Recuerda que tu actitud y lenguaje corporal hablan más que las palabras!.

¡NO DEJES TU EQUIPAJE ABANDONADO! Aquí se toman bastante en serio la seguridad aeroportuaria.

Y por último, no permitas que una urraca te arruine el viaje. Recuerda que quien te discrimina no tiene nada personal contra ti, es únicamente un pobre perdedor enojado con la vida.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Introducción a Rusia

Por: Dante R.

 
Comencé escribiendo esta entrada como una mini guía para visitar Moscú pero al avanzar me di cuenta de la enorme cantidad de experiencias y recomendaciones que tengo para ustedes. Así que avanzaremos poco a poco. Iniciaremos con una breve introducción de Rusia, qué esperar como turista y cuales son las diferencias culturales que podrías enfrentar para aminorar el choque cultural.


Aún recuerdo mi primera experiencia en Moscú; fue en el aeropuerto, a cinco minutos de haber llegado. Mientras esperaba mi equipaje, sentí que algo me molestaba, algo no estaba bien. ¡Era el calor! (what?). Sí, en Moscú hay verano y el calor puede ser muy intenso porque entre más cerca está una ciudad del Polo Norte, más horas de sol recibe. No sólo hablamos de una hora más en Horario de Verano. El día más largo del año, en junio, la luz del sol dura diecisiete horas y media; algo así como de 3 de la mañana a 9 de la noche. Tampoco crean que el cielo oscurece completamente mientras pasa la noche, es de un azul muy oscuro pero no es negro. (...y luego hablamos de San Petersburgo).


Cuando comprendí lo que sucedía, me quité la sudadera, desesperado por no ver mi maleta sobre la banda. Después de 17 horas de vuelo, lo único que quería era recoger mi maleta, encontrarme en el tiempo e ir al hotel. Pero la vida del viajero nunca es fácil y siempre hay sorpresas que la vida te prepara. Mi segunda gran experiencia, 15 minutos después de la primera: mi maleta nunca apareció. Tranquilo, pensé, basta con ir al служба розыска багажа y decirles en perfecto ruso lo que había pasado. Pues sí, esos mismos ojos puse yo al tratar de leer todos los letreros para informarme sobre qué hacer; y eso que se supone que yo iba con un nivel de ruso básico para sobrevivir.


Y claro, el primer estereotipo se hizo realidad. Me trataron cual indigente (o eso pensé yo en ese entonces, ya hablaremos de esto después). La chica que me atendió, agobiada por mi pobre ruso, tratando de hacerse entender en inglés; vaya, tratando es mucho decir, lo pronunciaba como le venía en gana sin siquiera pensar en si yo entendía o no, jamás mostró ni un solo gesto de empatía. Ganas me daban de disculparme por mi falta de atención a la banda y haber dejado ir mi maleta que nunca apareció. Llené un formulario, dejé el teléfono del hotel y la dirección, y me fui a la aventura total. Un verdadero mochilazo. La maleta llegó toda rota, dos días después. Sé que hay un seguro pero tramitar algún papel es lo menos que querrás hacer en Rusia.


arquitectura rusa


¿Qué tan diferente es Rusia de un país latino? Bueno además del idioma, hay ciertas costumbres que te sorprenderán de inmediato, por ejemplo, la falta de agua fresca para beber. Nadie toma agua, ¡Nadie! Las personas te ofrecen un té cuando las visitas, un té para refrescarte del calor (sí, caliente), para los días fríos o lluviosos, para conversar, a la hora del té, de desayuno, para comer, cenar. Irritante al principio pero acabarás por acostumbrarte a tomar el té, incluso a tu regreso. Si quieres comprar agua embotellada, por lo regular hay gasificada y su versión ultragasificada, que te burbujea todos los intestinos. Como también encuentras puestos callejeros de comida, un día probé un hot dog pa-frantzuski (a la francesa), que básicamente es una salchicha en medio trozo de baguette con una mostaza de potente sabor. Supongo que es a la francesa por aquello del tipo de pan. Jamás he visto tal cosa en Francia pero bueno, sin juzgar, tampoco hay Enchiladas Suizas en Suiza.


Como ya lo hablamos antes, también la poca disponibilidad de la gente para ayudar. Rusia fue un país que estuvo aislado durante mucho tiempo y se nota en la falta de amabilidad con los extranjeros. Muy pocas personas hablan otro idioma (aunque esta situación ya está cambiando como pude notarlo años después en Sochi). Tampoco hay muchos servicios turísticos, nada de que el cliente tiene la razón, ni de atender con una sonrisa. Es lo que es, hay lo que hay. Si no lo ve, no pregunte. El idioma ruso reduce sus formas de cortesía, en comparación con el español. Es un idioma más directo y sumamente honesto. Si no quieres algo, simplemente dices no. Si no quieres ayudar a alguien en la calle para ubicarse, dices no. Nada de “disculpe, llevo prisa, no tengo tiempo, no soy de por aquí”, nada, NO.


No quiero que me malinterpreten. Los rusos son personas sumamente agradables y muy hospitalarios; pero como latinos debemos de entender las diferencias culturales en cuanto a el sentido de cercanía, el trato a desconocidos, la visión del mundo. Todo esto es muy notorio cuando aprendes ruso. Al entrar a la tienda uno simplemente dice“muéstreme eso”, en lugar de “me podría hacer el favor de mostrarme ese de ahí?”. Por eso es muy importante que aprendas dos palabras esenciales para aminorar este efecto un tanto brusco: por favor / aquí tiene - пожалуйста (pazhálosta) y gracias спасибо (spasiba) que deberán acompañar casi todas tus frases.


A los rusos también les gusta ofrecerte comida y bebida cuando visitas sus casas. Pase lo que pase, no intentes echar competencias de bebida con un ruso, no con Vodka, al menos. Normalmente ellos toman vodka solo acompañado de un pepinillo, esto es lo más tradicional. Es como tomar tequila con un limón (suerte encontrando limones en Rusia). Cuando viajes te recomiendo llevar también una botellas de Tequila porque además de que allá es muy caro, te pueden servir como regalos o intercambio de favores.

En las próximas entregas hablaremos de a dónde ir y qué hacer en Moscú. ¡Hasta la próxima! 

Una foto publicada por Dante Rojas (@darlexrolop) el